Con las redes sociales y la magia del branding experiencial, tal vez nos hemos olvidado de un pequeño detalle. Ese detalle no está en el manejo de las emociones, ni en los medios que se ocupen ni en la respuesta pronta de los Community Managers ni en la investigación de mercados y análisis de datos.

Sin duda todos esos elementos son importantes, pero al final, lo único que quiere el consumidor es satisfacer su deseo. El producto o servicio al final de todo es en el que debe recaer la mayor parte de la atención dentro de la empresa. De nada nos sirve crear una gran campaña si al final el producto es deficiente o no cumple con las expectativas generadas con la publicidad.

El producto final es el que va a condicionar las compras futuras y del que depende nuestro éxito en redes sociales. No es la culpa (de nuevo) del community no saber qué responder ante los ataques de los furiosos seguidores, sino responsabilidad de la marca poner en manos de las personas lo que se promete.

No lo olvidemos. Las redes sociales y la publicidad no son un truco, sólo son herramientas para vender los productos. Que se envuelvan en una bonita y emotiva presentación y en vez de pregonar el nuevo producto, publicarlo con imágenes atractivas cada hora, ese es un agregado que la publicidad y las redes sociales les proporciona.

 

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