Berlín, mayo del 2004. Un servidor cena en la Deutsche Akademie Der Technikwissenschaften que se ha emperifollado de la mejor manera para verse “über-cool” (estoy seguro que entonces así se usaba el término, no estoy siendo millenial) para recibir a las 400 personas del summit creativo mundial de DDB Worldwide. No recuerdo si el menú de la noche llevaba currywurst o apfelstrudel. Lo que sí recuerdo palabra por palabra es mi agradable plática con Hans-Peter Briegel (obvio no su verdadero nombre, sino el primer nombre Alemán que ahorita me vino a la mente, ustedes disculpen por la referencia ancestral futbolística mundialera) flamante Director Creativo de DDB Munich.

El clímax de la conversación vino cuando Hans, de manera muy amable y ya entradas las 11:45 de la noche, me hizo notar que tenía que irse ya, puesto que tenía que manejar a casa y él vivía en otra ciudad.

Es que yo vivo a 3 horas de aquí, me dijo.

Inmediatamente en mi mapa mental ubiqué la ciudad de México y un trayecto de 3 horas o doscientos y largos kilómetros lo cual me llevó hasta San Miguel de Allende. La verdad no pude más que pensar “qué hueva manejar hasta allá a estas horas de la noche y qué valiente Hans que vino a cenar hasta acá”, pero como ya estábamos entrados en la plática, le pregunté que qué tan lejos estaba de su casa.

“Como a 580 km” me respondió tranquilamente.

En ese momento volví a hacer mis cuentas de kilómetros por hora y otra vez saqué mi mapa mental que me llevó hasta Coatzacoalcos a unos seiscientos y pocos kilómetros de la Ciudad de México y a unas 7 horas de carretera.

¿Haces 3 horas hasta Munich? Pero, si son tantos kilómetros ¿no deberías hacer más tiempo?

Me voy por la Autobahn que no tiene límite de velocidad y hago dos horas y media, máximo tres.

¿Pues a cuánto manejas?

Como a 220 o 240 kms por hora más o menos. Tengo un mercedes y la verdad son autos muy veloces.

Pero, ¿no te da miedo?

¿Qué?

Pues… No sé, que se te atraviese un perro, un…

¿Un perro?

Sí, un perro o un caballo o …

¿Un caballo?

Sí hombre un hund o un pferd que…

No hay perros ni caballos en la carretera.

Me lo dijo de una manera tan seria y convincente que no me quedó más que creerle y no ahondar en explicaciones que incluyeran burros, piedras, clavos u algún otro objeto inanimado.

¿En México hay perros y caballos en la carretera?

Bueno, sí a veces pero pues… ¿Tampoco se cruza gente la carretera?

Silencio incómodo.

Ok, asumo que no.

No. La carretera está hecha especialmente para no tener límite de velocidad y nunca nadie se ha metido. Ni un ser humano, ni un animal, ni nada. Está hecha con las más altas medidas de seguridad y la más alta tecnología.

Después de una letanía de la ingeniería alemana larga y aburrida como una salchicha, Hans se subió a su Mercedes y se fue.

Esto fue hace más de 10 años y hoy que reviso mis últimos viajes por carretera en este país que adoro y amo pues no sé ni por dónde empezar a enumerar lo lejos que estamos de tener algo que se acerque tantito a la Autobahn de Berlín.

Hace 3 semanas fui a León, un trayecto que regularmente tomaría unas 3 horas y media máximo nos tomó 5 horas. Simplemente porque la carretera de 3 carriles estaba en reparación (siempre están en reparación) entonces de esos 3 carriles, uno estaba inhabilitado.

Luego, justo ese fin de semana, se daba la peregrinación ciclista más grande de México que iba desde algún lugar del Estado de México hasta Lagos de Moreno, Jalisco. No sé cuántos ciclistas eran, pero durante 400 kilómetros no dejaron de circular en el carril de baja, custodiados por patrullas y camiones que los cuidaban, lo cual dejaba un carril libre para que camiones de pasajeros, camiones materialistas, pipas, ángeles verdes y autos miles circuláramos a un promedio de 65 kms por hora. Claro, estoy hablando de cuando la carretera tenía 3 carriles. En los tramos donde la carretera se reducía a 2, pues ya se imaginarán el foquing merequetengue que había.

Ustedes dirán, “bueeeeeno, pero ese fin de semana fue especial por los peregrinos”.

Ok, hace dos fines de semana tuve a bien tomar mi auto e irme a Puebla. Utilicé el circuito exterior mexiquense quesqueporque estaba muy bien y en lugar de hacer una hora y media y gastar 130 pesos, hicimos 3 horas y gastamos 500 pesos de casetas.

Del nabo.

La carretera, del nabo. Llena de vados y camiones a diestra y siniestra, vacas, burros, perros y gente caminando en la orilla.

Ay Hans, donde quiera que estés, si pudieras venir y darte una vuelta por nuestras carreteras físicas, políticas, mentales, culturales y religiosas, entenderías por qué hace tanto tiempo, este mexicano te hacía esa pregunta inocentemente barbárica que no le hacía sentido a tu mente primermundista.

¿Imagínate que te contara de la casota blanca que la esposa de nuestro presidente se compró con su dinero ganado por hacer “novelas”? ¿o del enfoque desmedido de recursos que le pone el gobierno a la visita del papa cuando más de la mitad del pueblo vive en condiciones deplorables? ¿o de que el propio gobierno ya había autorizado la destrucción de 57 hectáreas de un maravilloso manglar (que se supone que son intocables) para la construcción de un complejo turísitico?

Entiendo que en tus caminos, no hay obstáculos, ni caballos y que funcionan desuputamadren pero nuestros caminos, mi querido Hans, está llenos de burros y muchos, pero muchísimos bueyes.

Buen jueves tengan todos.