Hay empresas que quiebran por mal manejo económico, no renovarse, por no innovar sus productos, por no entender el mercado, por los cambios en la legislación, etc. razones hay como para escribir un libro de varios volúmenes, así que referirse a esos temas en este artículo me será imposible por lo que escogí un tema que no suele tratarse mucho y es cuando las empresas cierran operaciones por el silencio de sus colaboradores.

Las empresas son un tipo de sociedad que está conformada por personas donde la comunicación debería fluir de manera adecuada, donde cada uno de los colaboradores somos parte importantísima de ese sistema y donde no deberían existir los secretos o por lo menos no secretos críticos, sin embargo muchas ocasiones hacemos silencio sobre lo que deberíamos hacer ruido, hoy por hoy el mayor capital de una empresa es el intangible lo que hacen bien sus colaboradores, el cómo lo hacen (sin referirme a procesos) las ganas con las que ingresan a su mundo laboral y cómo este halo de energía puede irradiarse a otros.

Por eso es tan importante saber seleccionar a supervisores, jefes y equipos de trabajo, saber cómo engranarlos, formarlos y desarrollarlos, normalmente esto no sucede porque escogemos más en relación a una hoja de vida que nos habla de títulos y nos olvidamos que es mejor escoger a personas, este tipo de criterios han generado que en muchas empresas los colaboradores hagan silencio sobre muchas cosas que pasan, el secreto que mata, cuando las empresas están pasando por problemas y se requiere compromiso lo primero que saltará a flote son los resentimientos internos por formas de trato que no fueron acordes a la realidad organizacional, a los principios o  a sus valores.

Cuando es un secreto que en tal o cual área hay tratos exacerbados y agresivos que no cumplen los estándares mínimos de respeto y que nos hacen perdernos y transformarnos en material inflamable que cualquier momento puede explotar, cuando queremos que se resuelva todo frente a llamados de atención o con amenazas de despido es cuando una empresas puede llegar a quebrar, es ese momento en que el silencio de los inocentes fue el punto de quiebre para una realidad organizacional de tipo socio económico cultural.

Ojalá que cuando haya pasado esto en las organizaciones no haya sido por el silencio cómplice o por lo secretos compartidos del departamento de Gestión Humana.

Si queremos que el mundo cambie debemos empezar por nosotros, por hacer mejor las cosas y por transformar nuestro trabajo a diario, en el caso del departamento de Gestión Humana, Talento Humano o Recursos Humanos la mejor forma de prevenir que esto suceda es siendo parte de la organización, estar integrado con los otros departamentos generando confianza para poder aportar desde adentro con la formación y profesionalización profunda de los supervisores, jefes, coordinadores, gerentes, en fin de quienes tengan responsabilidades de manejo de personas.

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