Ser copy en una agencia de publicidad no es nada fácil, en primer lugar, porque a la par del diseñador, somos ‘el motor’ que mueve la producción de ideas y de materiales para satisfacer al cliente, y en segunda, porque vivimos con la constante etiqueta de que ‘sólo servimos para escribir’. Por tal motivo, quise platicarles sobre las tres cosas que un copy jamás aceptará en público, pero que seguramente, al igual que yo, querría gritarlas a todos los cielos para decir: ¡Ya basta!

  1. No somos diccionarios andantes

Está bien, acepto que parte de ser copy significa tener un alto conocimiento en ortografía y estar al tanto de las últimas actualizaciones de la RAE, sin embargo, otra cosa muy distinta es conocer de pies a cabeza los términos, etimologías y significados del diccionario correspondiente al año en curso. Y esto lo digo porque seguramente, si eres copy, has pasado por ese incómodo momento cuando la chica de cuentas, u otro compañero de trabajo, te pregunta: ¿Oye Dan, sabes qué significa ‘aherrojar’? A lo que tú, sin perder el control y de manera cordial, normalmente buscas ‘darle la vuelta’ a la pregunta mientras buscas en el diccionario, pero lo que realmente quieres decir es: ¡Ya basta, no soy un diccionario andante! 

  1. Nos gusta leer, pero no somos bibliotecas

Otra de las situaciones incómodas que todo copy ha vivido es cuando te hacen la clásica pregunta de ‘¿Cuál fue el último libro que leíste?’. En mi caso, la última vez que me lo preguntaron respondí que El Necronomicón, porque soy fan de Lovecraft y simplemente era la verdad, pero lo que recibí fue un par de miradas llenas de confusión acompañadas de preguntas como ‘¿Ese libro existe?’ ‘No, deja de bromear, dinos un libro de verdad’. Obvio, porque las personas que nos rodean, normalmente creen que nos la pasamos leyendo poemas de Shakespeare, ensayos de Paz o novelas de Gabo Márquez,  y por supuesto… el diccionario.

Pero no, la realidad es que, si bien es cierto que la lectura es parte fundamental del copy, la verdad es que leemos de todo, al igual que cualquier mortal sobre la tierra, además, muchas veces aprendemos recursos literarios de otras fuentes, como el cine, música, teatro e incluso de las caricaturas. Así que la próxima vez que te vean raro por decirles la verdad sobre el último libro que leíste, simplemente mándalos a… leer el diccionario.

  1. No somos escritores públicos de la Plaza de Santo Domingo

Si me lees en provincia u otro país de habla hispana, te cuento que en la Ciudad de México hay un lugar llamado Plaza de Santo Domingo, donde desde el siglo XIX y hasta la actualidad, existe el oficio de escritor público, siendo estas personas las encargadas, sobre todo en el pasado, de elaborar con máquina de escribir cartas de amor, invitaciones a fiestas y documentos en general, y esto, como era de esperarse, es una bonita costumbre que los compañeros de las agencias ‘creen’ que queremos perdurar, solo que con una pequeña diferencia… ¡A nosotros no nos pagan por hacerlo!

Y es que si eres copy, te puedo asegurar que al menos una sola vez un compañero te ha pedido ‘el favor’ de revisar la lista del supermercado, la carta que le mandará a su novia o que redactes la invitación del bautizo de su sobrino, y sí, todo pagado con un bonito ‘gracias’.

Para finalizar, solo quiero dejar en claro que escribí este artículo con un poco de sarcasmo, ya que aunque haya ciertas cosas que en efecto ningún copy aceptará que le incomodan, también es difícil que les digamos que esta es una de las profesiones más gratificantes del mundo, porque nos pagan por hacer lo que más amamos en la vida: Escribir y plasmar historias e ideas que, sin la publicidad, quizá se quedarían en el vacío de nuestro pensamiento, y además, también nos da un pequeño baño de ego cuando suceden dichas situaciones, ya que eso quiere decir que estás haciendo un gran trabajo y que te has ganado la confianza de tu equipo, así que si este es tu caso, quiere decir que estás haciendo un gran trabajo y que mereces ser llamado COPY… ¡Felicidades!

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