A todo redactor, publicitario o no, se le ha escapado algún error en un texto; a veces hay tiempo para corregirlos, a veces no. Hace unos años, por ejemplo, un anuncio de un banco argentino pretendió comunicar Créditos Hipotecarios, pero terminó ofreciendo “Cerditos hipotecarios”. Meses atrás, el afiche en español de la película “El Francotirador”, de Clint Eastwood, aseguraba que el protagonista era “francontirador”. Resulta curioso que esto suceda, ya que antes de que se publique un anuncio, son varias las personas que lo revisan. Lo mismo sucede con los libros, pese a lo cual allí también aparecen errores. Y hay un caso de estos que vale la pena contar, ya que el error puede ser calificado de blasfemia.

Sucedió en 1631. El rey inglés Carlos I encargó la impresión de 1.000 Biblias a un editor llamado Robert Barker cuya compañía se llamaba Baker Book House (o quedaba en la calle Baker o el editor escribió mal hasta su propio nombre). Cuando las Biblias se entregaron, se dieron cuenta del error: faltaba una palabra en el Séptimo Mandamiento. Y esa palabra era nada menos que “no”.

El Mandamiento, por lo tanto, ahora decía “Cometerás adulterio”.

Suena gracioso. Pero el rey y el Parlamento no opinaron lo mismo, y declararon que todas las copias del libro, que luego fue conocido como “la Biblia maldita”, tenían que ser destruidas y que el editor debía pagar una multa de 3.000 libras, que en aquella época debía ser una montaña de dinero. La imprenta quebró pero no todos los libros se destruyeron; algunos sobreviven, como lo prueba la fotografía que ilustra esta nota.

La “Biblia maldita” no es la única versión de ese libro con errores. En 1608 se imprimió la llamada “Biblia de Judas”, que en un pasaje reemplaza el nombre de Jesús por el de, justamente, Judas. La “Biblia del Pecado”, de 1716, declara de forma contundente “Vayan y continúen pecando”. La “Biblia de la Negación”, de 1792, sostiene en un párrafo que quien niega a Jesucristo no es Pedro sino otro apóstol, Felipe.

Desde luego, estas equivocaciones se recuerdan más por aparecer en Biblias. Y son frecuentes ya que se trata del libro más impreso en la historia (y el primero en imprimirse, ya que estamos). De todos modos, ningún error es tan memorable como el que ordena cometer adulterio. Más de un pirata debe estar buscando un ejemplar de la “Biblia maldita” para justificar sus tropelías.

(Fuentes: jmm.org.au, Mental Floss)