Cuando parecía que el arte de las tapas de discos se estaba perdiendo, vuelve a ser relevante la edición de álbumes en vinilo y, de algún modo, vuelve a apreciarse el trabajo de diseño y arte de obras actuales y clásicas. Es un buen momento, entonces, para recordar algunos discos en los que el arte de tapa fue realizado no solo por diseñadores sino directamente por renombrados artistas. Algunos de los álbumes que repasaremos son muy conocidos, otros no tanto. Entre los últimos, presten atención a la tapa diseñada nada menos que por Salvador Dalí, para un álbum del comediante Jackie Gleason. Sí, en serio. Veamos.

El primer caso es archiconocido: la relación entre Andy Warhol y la banda Velvet Underground de, entre otros, Lou Reed. El artista plástico no solo promocionaba el grupo sino que también diseñó la tapa de su álbum debut de 1967, “The Velvet Underground & Nico”. Esa tapa originalmente contenía una banana amarilla pero esta se podía “pelar” para que apareciera otra banana, esta con un tono rosado bastante parecido a la piel. (Una elección de color bastante sugestiva… y obvia.) La realización de este diseño requirió máquinas especiales, costos extra y hasta la postergación de la salida del disco, y fue la fama de Warhol lo que convenció a la discográfica MGM de que todo esto valía la pena.

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Las bandas inspiradas por el primer álbum de los Velvet son incontables. Y los que se inspiraron en su carátula también. Entre ellos están The Smiths: cuando editaron su primer disco en 1984 usaron una imagen tomada de la película “Flesh”, dirigida por Paul Morrissey, un protegido de Warhol (este, además, fue el productor del filme). A lo largo de su carrera los Smiths siguieron usando imágenes de películas y fotografías, casi siempre monocromáticas como la de su álbum debut.

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Diez años antes hubo otra Smith, pero llamada Patti, que editó un disco ilustrado por un artista. En su caso, una fotografía de ella misma tomada por su amigo Robert Mapplethorpe, con quien también compartía departamento. Smith contó luego que posó deliberadamente al estilo Frank Sinatra y que la foto era una “imagen exquisitamente andrógina”. Años después, en 1989, Mapplethorpe fue el blanco de una campaña de los conservadores en el congreso estadounidense contra lo que ellos consideraban “arte obsceno”.

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La banda Sonic Youth es otra que tiene varias conexiones con el mundo de las artes visuales, en algunos casos trabajando en conjunto con artistas oscuros pero en otros con plásticos ya establecidos. Es el caso de uno de sus álbumes más aclamados, “Daydream Nation”, de 1988, cuya tapa es una pintura llamada “Kerze” (que significa “vela”) realizada por Gerhard Richter.

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Entre los grupos que también utilizaron obras de arte ya existentes se encuentra New Order. Su disco “Power, Corruption & Lies” es una naturaleza muerta del pintor francés Henri Fantin-Latour, llamada originalmente “Una canasta de rosas”. Parece que en principio la banda quería usar una pintura renacentista: un retrato de un oscuro príncipe (en alusión a Maquiavelo, igual que el nombre del álbum) pero no hallaron ninguna que les gustara. El diseñador del disco vio este cuadro y pensó que las flores son seductoras, y así es como el poder, la corrupción y las mentiras se infiltran en nuestras vidas. 

Un grupo considerado como perteneciente al llamado “art-rock” son los Talking Heads (uno de mis favoritos, ya que estamos). Tanto que originalmente se llamaban a sí mismos “The Artistics”. En 1983 editaron su quinto disco, “Speaking in Tongues”, para el cual hicieron una edición limitada con una tapa alternativa creada por Robert Rauschenberg. Los músicos contactaron al artista y este accedió a hacer el trabajo siempre y cuando se le permitiera hacer “algo diferente”. Y claro que lo hizo: la tapa es una caja de plástico transparente con las pinturas y los créditos impresos en tres collages transparentes de 30 cm, uno por cada color primario. Al rotar el vinilo y los discos de plástico separados, se puede ver las imágenes de tres colores del collage. 

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El último ejemplo, ya mencionado arriba, es por lo menos bizarro: una colaboración entre el comediante Jackie Gleason (famoso por la sitcom “The Honeymooners”) y… Salvador Dalí. En 1955 Gleason editó un álbum llamado “Lonesome Echo”, de esa música que se denomina “easy listening”, básicamente música de ascensor. El mismo Dalí explicó el concepto de su carátula: “El primer efecto es angustia, espacio, soledad; luego, la fragilidad de las alas de una mariposa proyectando largas sombras al atardecer, que reverbera en el paisaje como un eco; el elemento femenino, distante y aislado, forma un triángulo perfecto con el instrumento musical y su otro eco, el caparazón”.

En fin. Queda claro que, en este caso, lo que hay afuera del disco es infinitamente más interesante que lo que hay adentro.

(Fuente: artnet)