La integridad, la transparencia y la consistencia son tres de los valores que conforman una fuente de poder interno para el ser humano. Juntas, conforman la congruencia personal y profesional.
Desde la óptica del líder, incluso desde el autoliderazgo -el metro cuadrado sobre el que tenemos influencia directa; desde aquí empieza el cambio-, estos aspectos tienen mayor relevancia, porque permiten a las personas ver y sentir a esa persona más allá de lo obvio y de lo que muestra para afuera.
En el mundo empresarial está lleno de este tipo de personas que, diciéndose líderes u ostentando su cargo, hacen todo lo contrario a lo que declaman y exigen a los demás.
- “La integridad del hombre es decirse la verdad a sí mismo al cumplir con las promesas y la honestidad es decir la verdad a los demás” (John Spencer)
La integridad es una unicidad, un todo completo, y se dice que alguien es íntegro cuando hace lo correcto aun cuando nadie lo está mirando.
Alguien íntegro manifiesta la honestidad en el plano personal y profesional, y esto aporta credibilidad y confianza, dos procesos que son de cocción lenta, se van dando con el tiempo.
- “La transparencia es un valor que no se menciona: se demuestra” (Guillem Recolons)
Además de la integridad, es el valor de la transparencia lo que permite ser congruente entre la vida personal y profesional.
Implica un nivel de acción sin que medien dudas acerca de la persona, su honestidad, sus intenciones, su entrega, su involucramiento incondicional con las personas a su cargo, e incluso su hacer en la comunidad: su rol social.
Por ejemplo, los agentes de cambio en estado puro practican la transparencia en cada acción que emprenden, y esto conlleva a generar un marco de relaciones más saludables, porque las personas saben que no sólo se puede confiar, sino generar impacto de gran alcance a partir de esta virtud compartida.
- “El liderazgo está directamente relacionado con la derrota. Porque es ahí cuando se verifica la consistencia del conductor. Una de las claves que tiene que tener un líder, es que necesita ser querido para ganar, y no ganar para ser querido.” (Marcelo Bielsa)
La consistencia es la cualidad de poseer una enorme coherencia interna, para que, plantado frente a las situaciones de la vida, el líder sea consciente, fuerte, determinado y afianzado en sus fortalezas para poder decidir el curso a tomar, y qué tipo de impacto quiere lograr.
Una persona líder consistente sabe que todas sus decisiones tienen un impacto, y de esa medida depende en gran parte el éxito en lo que lleva adelante.
La consistencia, a su vez, representa la fortaleza interna con que cuenta cada ser humano. Por más que a cada minuto el mundo exponga desvíos y promueva prácticas que van en contra de su coherencia interna, el líder consistente se esfuerza por mantener sus principios, porque forman parte de su ADN, y es indisoluble: si se corre de ese espacio, ya no será lo mismo.
7 pasos hacia la congruencia personal y profesional
- Sé humano.
Muchos líderes se piensan como super humanos, personas que no sólo se enfocan en un alto rendimiento, sino que, prácticamente se sienten superhéroes. Nada más alejado de la realidad: el tener talentos especiales puede distinguirte en esos aspectos de un puñado de personas; sin embargo, sientes, sufres, te pasan cosas, y es de esta sabiduría humana donde surge el mayor poder del líder de influencia, que es conectar con el corazón de las personas, y desde allí motivarlas y movilizarlas.
- Sé consciente.
Cada persona madura a su tiempo. Por más que los procesos del liderazgo necesiten otro ritmo, quizás más veloz, el líder congruente recuerda a la persona que tiene enfrente, con toda su humanidad desnuda y vulnerable en muchos momentos. Es por eso que es respetuoso y calmo a la hora de esperar el despertar el otro. La auto consciencia de tu propio proceso madurativo te dará una pauta del ritmo de avance y de los retrocesos; las subidas y bajadas, que inevitablemente sucederán.
- Sé empático.
La empatía no es sólo ponerse en los zapatos del otro, sino la habilidad superior de sentir cómo ajustan esos zapatos en mi propia vida. Es decir, que no se trata de un acto que hasta podría ser meramente intelectual (“hago como que me importa el otro”) sino que lo siento y lo vivo. Sólo desde esa perspectiva aprenderás acerca del comportamiento humano, y lo utilizarás para crecer, aprender y avanzar en circunstancias favorables y desfavorables.
- Sé riguroso.
La rigurosidad tiene que ver con compromisos personales que no pueden ser quebrantados ni rotos. Muchas veces se actúa con rigor sobre los demás, aunque no consigo. Por ejemplo, si asumo que seré puntual para una reunión, no puedo llegar tarde. Algo tan básico como esto, pone de manifiesto ante los demás mi consciencia de influencia y resulta de alguna manera ejemplificador para el entorno.
- Sé disciplinado.
La disciplina es una de las formas que adquiere el comportamiento humano en su camino hacia la libertad. Sin ella no podrás liderar, porque una de las condiciones que se espera de quien tiene esa responsabilidad es ser ejemplo y, a la vez, espejo de cada uno de los otros. La falta del cumplimiento de tus promesas, el indicar e inspirar acerca de cómo alcanzar los objetivos y luego hacer tú lo contrario, deteriora rápidamente la calidad de un líder.
- Sé respetuoso.
Así como la congruencia se nutre de la bondad y la empatía, la escucha asertiva y la inspiración diaria para ser mejores personas y profesionales, el respeto es también uno de los pilares sobre los que se basa. Un trato déspota y la pérdida de valores esenciales -por ejemplo- son señales de que has extraviado el rumbo. No esperes entonces que te respeten. Trata a todos por igual; por más duras que sean las circunstancias y lo que estés pasando; mantén el equilibrio para que tus vínculos sean fuertes y claros, sobre la base del respeto por quien tienes adelante.
- Sé coherente entre lo que piensas, dices, haces y sientes.
Otro aspecto esencial y desafiante para muchos es la coherencia interna. Para lograrla, se requiere un profundo trabajo de introspección y auto análisis permanente a partir de observar a cada momento tus emociones, tus pensamientos, y tus actos. Es de esta concordancia que se desprende la coherencia, que, como vemos, no es sólo la manifestación en los hechos, sino lo que generas desde tu mente subconsciente.
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