En el alto otoño del mar
Lleno de niebla y cavidades,
La tierra se extiende y respira,
Se le caen al mes las hojas.

Pablo Neruda.

En el MBFWM 2015, Alba se convirtió en una heroína con una hazaña muy particular (que invito a investigar aquí). La moda, como todo el mundo bien sabe, viene y va. Cambia tan rápido como el verano se transforma en otoño. Y ella ha convertido el otoño en verano.

Su repercusión en los medios y redes sociales, no se debe a su extravagancia, sino a la personalidad que demostró. Hoy, señores, vamos a hablar del postureo. Y de autenticidad.

Para aquel que ignore a su significado, posturear es aparentar. El otoño empieza, y para la mayoría acaban los festivales de música, para algunos empiezan los de moda, y para otros simplemente la rutina del invierno. Los festivales están burlaos, en la cresta de la ola, porque se permite de todo. Desde drogas hasta no saber ni a qué se va.

Tuve la oportunidad de acudir a un evento de este estilo que se ha popularizado recientemente. Era un concierto, y casualmente me encontré a una chica que solía venir conmigo a clase. Ella se sorprendió de que escuchara esa música, pues nunca había visto fotos en las redes sociales presumiendo de ello. Su vestimenta era un perfecto outfit de revista, con la Réflex colgando del cuello (especifico, NO es fotógrafa), el chaleco de cuero negro y flecos con los treinta grados y las botas de invierno. Mi vestimenta, aunque no tan cool, consistía en unas zapatillas llenas de polvo, unos vaqueros y una camiseta blanca. Todo se podía manchar, romper, desgañitar con las canciones y ensuciar. Pero el postureo no entiende de sentido común.

No piensen que se trata de la envidia, no puede haber nadie más a favor que yo de la ideología que expresa la última campaña de H&M. Para decirlo en palabras que no suenen muy españolas –no sea que me tachen algunas voces de facha, un error bastante histórico que también es postureo puro y duro –sometimes I wonder dónde empieza la personalidad y dónde la idiotez.

Cambiando de tema, pero no demasiado, les receto unos festivales y lugares para que puedan posturear tranquilamente sobre libros (parte de los ya muy conocidos, como la ruta del Quijote), y sentirse burlaos, muy trendies y auténticos gourmets literarios.

  • El barrio de Malasaña (Madrid). Imposible no tener la mente en el suelo y los pies volando.
  • Barcelona y Carlos Ruiz Zafón. Porque siempre recodamos lo que nunca sucedió, que mejor que viajar a través de palabras.
  • Sea infiel por Asturias, de la mano de la Regenta.
  • Portugal, con Pessoa y la librería Ler Devagar por Lisboa, mientras que en Oporto está La Lello e Irmao, que aparte de preciosa acogió parte del rodaje de Harry Potter.
  • Argentina, aparte del encanto del acento, también posee la joya de librería Ateneo Gran Splendid y su magnífica Feria Internacional del Libro.
  • Las villas del libro: Urueña (única en España), Hay-on-Wye (primera en ser nombrada como tal, acoge además un importante festival anualmente), Kampung Buku (Malasia), Bundanoon en Australia, o Stillwater en Estados Unidos.
  • Y capital del libro japonesa, es el distrito Kanda Jimbocho en Tokio, seduce con las librerías antiguas entre tanta moderna tecnología.

 

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