Dentro del Diseño, existen muchos elementos y recursos que se han vuelto indispensables e incluso delitos, si no se sabe de ellos. Cuando se regresa al mundo real, donde todos son expertos para criticarlo pero nadie sabe mucho acerca de él, el nombre Helvetica es como una sombra que nadie percibe ni recuerda pero que piensan que se adapta a la perfección. Esta es la realidad de la quizá más famosa tipografía de todos los tiempos.

Helvetica fue creada en 1957 por el diseñador Max Miedinger bajo el encargo de Eduard Hoffman, para competir con tipografías famosas en esos tiempos, como la Akzidenz Grotesk.

Al principio, fue nombrada Neue Haas Grotesk, hasta que la Fundición Stempel tuvo los derechos y cambió su nombre a Helvetica, el cual viene del latín Helvetia que significa Suiza. Los cambios no terminaron ahí, ya que en 1983 Linotype tuvo los derechos y le agregó más pesos a la colección hasta que en 1996, Adobe la nombró Helvetica Neue.

Con el tiempo, esta tipografía se ha vuelto la favorita para anuncios publicitarios, logotipos e incluso señalizaciones. La familia que la conforma se distingue por ser sumamente legible, neutral y sencilla, lo que la hace tan eficiente y apropiada para distintos usos. Al tener tantos pesos, nos permite jugar con ella hasta encontrar ése que se adecúe perfectamente a lo que estamos buscando.

Esta tipografía tampoco se ha librado de controversias, como la creencia de que muchas tipografías como la famosa Arial (creada por Microsoft) son copia exacta de ella. La realidad es, que hoy en día Arial es más conocida por las personas que Helvetica, quien fue la original. Esta popularidad se le atribuye a que Arial se encuentra en toda la paquetería de Office, haciéndola más conocida por el público en general. Esto no ha evitado que algunos diseñadores se hayan dedicado a criticarla por intentar suplir a la primera aunque opiniones se han encontrado acerca de quién copió a quién, al punto de que se realizó un documental llamado “Helvetica”, en donde diferentes diseñadores hablan tanto bien como mal de ella.

Lo cierto es, que independientemente de las opiniones dispersas que existen acerca de esta tipografía, el uso que se le ha dado ha sido variado por su naturaleza versátil, convirtiéndola así en una tipografía que no es una obra de arte pero es completamente funcional, aquella que tal vez no notamos su presencia pero que seguramente nos dolería su ausencia.