Noviembre, 2025.- Durante su conferencia “El poder del craft del audio en la era de la IA”, el brasileño Eduardo Karas, Partner & Creative Music Director de Canja, ofreció una profunda exploración sobre el papel del detalle, la intención y la emoción en un contexto donde la tecnología redefine la creación sonora. “La inteligencia artificial genera posibilidades infinitas, pero el craft decide cuáles valen la pena mantener”, afirmó ante una sala repleta en el segundo día de El Ojo de Iberoamérica 2025.
Karas inició su ponencia con una línea del tiempo que recorrió la evolución del audio desde 1877 hasta la era de la IA, destacando hitos como la llegada del micrófono en 1925, el nacimiento del ingeniero de sonido y el surgimiento del Pro Tools en 1991, herramienta que digitalizó la producción musical. “El craft nació cuando alguien se encerró en una sala a decidir dónde colocar un micrófono. Ese fue el inicio de la artesanía sonora”, subrayó.

A cien años de aquella revolución, el creativo señaló que 2025 marca otro punto de inflexión, con el auge de bandas, sellos y artistas generados por inteligencia artificial. Mencionó ejemplos como The Velvet Sundown, considerada la primera banda creada completamente por IA, y Shania Monet, artista virtual que ya figura en el Top 30 de Billboard. “El sonido generado por IA puede ser perfecto, pero también carece de alma y de intencionalidad. Suena pasteurizado. El craft es lo que lo vuelve humano.”
En su visión, la inteligencia artificial no reemplaza el talento, sino que amplifica la imaginación. Sin embargo, advirtió sobre el riesgo de perder control creativo: “La IA es aleatoria; el craft es intencional. La IA imita; el craft interpreta. Y en el audio, interpretar lo invisible sigue siendo una tarea humana.” Explicó que el desafío actual está en combinar la potencia tecnológica con la sensibilidad artesanal, logrando un flujo híbrido donde la máquina propone, pero el oído decide.


Karas mostró ejemplos prácticos grabados en su estudio, donde una simple melodía de guitarra o piano se transformaba, mediante IA, en una banda completa o en un grupo de samba con metales, cuerdas y coros. “Hoy puedo crear un ensamble sin tenerlo frente a mí, pero sigue siendo mi idea el punto de partida. La inteligencia artificial es la chispa, no el fuego”, comentó.
Su demostración más potente llegó con el caso “4747” para Café Joie, una cadena europea de cafeterías que emplea personas con neurodivergencias. El proyecto unió a músicos con síndrome de Down y autismo con profesionales de audio y animación. “La IA nos ayudó a regrabar la voz original de una canción, pero el verdadero milagro fue la conexión humana detrás del proyecto.”


Entre los participantes destacó Sujit Desai, músico que toca siete instrumentos, y José Omar Dávila, percusionista y diseñador sonoro, quien grabó texturas y efectos de manera artesanal con materiales como telas y agua. “La IA no puede conectar propósitos ni emociones. Solo las personas pueden hacerlo.”
Para cerrar, Karas sintetizó su mensaje con una idea que resonó entre los asistentes:
“El craft sigue siendo el principio y el final del proceso creativo. La IA puede generar sonidos, pero nosotros damos sentido. Cuando el audio se vuelve humano, el arte trasciende la tecnología.”











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