Noviembre, 2025.- Parece que fue ayer cuando tuve la fortuna de trabajar en DDB, rodeado de algunas de las mentes más brillantes de Colombia, donde descubrí la maravillosa filosofía de Bernbach. Hace unos días supe que esa “B” ya no brillará más en su fachada, y sentí el mismo vacío que me dejó hace poco el apagarse el apellido Burnett de Leo, otra agencia que me vio crecer.
No sé si es la nostalgia de la edad o la mística que aún guardamos algunos publicistas de antaño, que desde la universidad nos ilusionábamos con apellidos como Ogilvy, Thompson o Young & Rubicam, soñando con algún día sentir sus letreros alumbrándonos mientras nos poníamos a crear.
En el mundo corporativo las transformaciones son el pan de cada día, murió MTV, se fue Nickelodeon, los cambios son algo normal e inevitable, pero los publicistas nunca hemos sido empleados normales: no solo inventamos historias, también nos alimentamos de ellas, las saboreamos como si fueran unos Chokis y a mí personalmente, ver desaparecer los íconos que le dieron forma a nuestras carreras es como si, de pronto, las reglas del cosmos cambiaran frente a nuestros ojos.
Espero que las nuevas generaciones de publicistas que hoy ayudo a formar conserven ese amor por la historia de una profesión que solía estar llena de magia y de color.











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