Septiembre, 2025.- En días recientes, mientras me informaba y recopilaba información sobre percepción visual, desarrollé junto con mi equipo procesos con IA para potenciar procesos de arte. De ese cruce quedó claro que entender cómo percibimos es inseparable de cómo creamos, y que la tecnología solo cobra sentido si potencia ese entendimiento. No pude dejar de sorprenderme de lo mucho que hay por comprender y lo interesante que hay en las imágenes.
Comprender cómo percibimos y construimos las imágenes en nuestra mente no es solo un ejercicio teórico; es la base sobre la que se apoya cualquier herramienta creativa, antigua o nueva. La inteligencia artificial no llega a sustituir ese proceso, sino a dialogar con él. Lo que antes dependía únicamente de nuestra capacidad para combinar signos, texturas y emociones, ahora puede potenciarse con sistemas capaces de generar variaciones infinitas y precisas. Pero la clave sigue siendo la misma: saber qué imagen queremos que viva en la mente del espectador. La IA no inventa el marco; lo amplifica, lo acelera y, en manos de un creativo que entiende la arquitectura perceptual, se convierte en un laboratorio donde la intuición humana y la capacidad de cálculo se funden para dar forma a mensajes más significativos y memorables.
Imagina que ves una publicidad en la calle: un auto avanza a toda velocidad sobre una carretera que parece flotar sobre un cielo estrellado; en la pintura de su carrocería, las luces de la ciudad se deforman en destellos dorados; el eslogan, breve y contundente, se funde con la textura del asfalto. No es solo lo que ves: es la forma en que los elementos visuales se combinan para provocar en ti una sensación de libertad y vértigo. Esa imagen no está solamente afuera, sino que se construye dentro de ti, como un eco visual que tu mente recompone con significados personales.
Nuestra imaginación visual no es un reproductor pasivo, sino un arquitecto activo. Gracias a estudios en neurociencia de Robert Kosslyn, ahora sabemos que las “imágenes mentales” no emergen completas: se ensamblan fragmento por fragmento, evocando memorias visuales que el cerebro reúne como piezas dispersas. A ese proceso consciente y deliberado se le llama síntesis prefrontal (PFS): una capacidad única del ser humano para combinar mentalmente elementos distintos —como “un sombrero” y “un paisaje nevado”— en una imagen nueva. Esto ocurre gracias al córtex prefrontal lateral, que alinea y sincroniza representaciones neuronales para que las percibamos como una escena completa y coherente. Es diferente de soñar o simplemente recordar; la PFS es creación: el cerebro nos permite visualizar lo que nunca vimos, construyendo escenas inéditas desde piezas mentales conocidas.
Nuestra mente también funciona con un doble código: visual y verbal. Según la teoría de la codificación dual, cuando un mensaje se transmite mediante imágenes y palabras, la recepción y el recuerdo se amplifican en intensidad y duración. La publicidad eficaz aprovecha este doble canal para arraigar emociones e ideas en lo más profundo de la memoria.
Una de las razones por las que este tipo de mensajes resulta tan potente es el uso intencional de figuras retóricas visuales, herramientas que no solo decoran, sino que multiplican la fluidez perceptiva —esa capacidad de que un estímulo visual se sienta natural, armónico y al mismo tiempo estimulante para el ojo y la mente—. Son el punto de convergencia entre signos, texturas, formas y colores; una fusión que activa asociaciones inconscientes y genera capas de significado. En publicidad, estas figuras permiten que la comunicación no sea plana, sino tridimensional: que una metáfora visual invite a la interpretación; que una hipérbole eleve la percepción de valor; que una paradoja intrigue y capture atención. La onomatopeya visual, la síntesis, la metonimia, el contraste, lo contraintuitivo, la prosopopeya, el símil, la elipsis o la anáfora… todas estas estructuras son recursos que, bien usados, convierten un mensaje en experiencia y una experiencia en recuerdo. No se trata de un adorno formal, sino de un lenguaje codificado que el espectador decodifica de forma casi automática, y que puede ser la diferencia entre un anuncio que se olvida y uno que se queda instalado en la memoria como si fuera propio.
La nueva alquimia visual: percepción humana y herramientas inteligentes
Aquí el poder no está en lo que mostramos, sino en lo que hacemos que se imagine. Un buen anuncio no solo se ve; provoca una escena interior, personal y resonante. Imagina invocar un atardecer que huele a lluvia y nostalgia… en la mente del espectador, el marco ya está cargado de emoción.
La llegada de la cámara en 1839 no mató la pintura; la liberó para explorar otra dimensión del sentir. Klimt y Kokoschka respondieron no con técnica, sino con intención: distorsión, simbología, emoción. Hoy la IA libera al creador de lo técnico, pero lo reta a ser el director de arte del marco emocional, el arquitecto de la imagen mental.
Ejemplos de logros obtenidos al incorporación de IA en procesos en arte sobran, al reducir costos, mejorar desempeño, impresiones, y sobre todo impulsar la creatividad al reducir tiempos en procesos sistémicos.
Y ahí es la clave , es estrategia. La IA no reemplaza, potencia. Permite personalizar símbolos, tonos y emociones según el universo interno del público. La imagen más poderosa no es la que estás viendo ahora, sino la que tu mente construye tras esos estímulos compartidos, que van construyendo la imaginería de colectivos y que podemos afinar con uso de IA.
Por eso, activemos lo mental antes que lo visual: evocaciones sensoriales, palabras que despierten imágenes antes de mostrarlas. Combinar palabra e imagen fortalece el impacto. Y si usamos la IA sabiamente, podemos cultivar una fantasía colectiva, esa imaginería que ya vive en la cultura compartida.
Nuestra mente no ve para creer, sino cree para ver. Lo más poderoso que podemos hacer con la IA no es llenar de imágenes al espectador, sino encender una chispa en su imaginación: una escena interna que siga creciendo, como si siempre hubiera estado ahí. Y ahí en esa construcción silenciosa y compartida. Quizá en unos años más sabremos decodificar o nos entenderemos con mucha mayor profundidad, todos los secretos de la percepción visual y sensorial, de momento el camino sigue siendo integrar las nuevas herramientas a la chispa creativa humana, usando la IA como apoyo, más que reemplazo. Potenciar nuestra creatividad y procesos, sin duda será el designio.
Bibliografía
- Kandel, Eric. La era del inconsciente: el arte, la mente y el cerebro de Viena a la actualidad. Editorial Paidós, 2013.
- Mariani, Massimo. ¿Qué nos dicen las imágenes? La retórica visual en el arte, el diseño gráfico y la publicidad. Editorial Gustavo Gili, 2011.
- Kosslyn, Stephen M., y Thompson, William L. Visual Mental Imagery: A Neuroscientific Perspective. MIT Press, 2003.
- Arnheim, Rudolf. Arte y percepción visual: Psicología del ojo creador. Editorial Alianza, 1998.
- Fuente: https://www.businessinsider.com/edtech-startup-headway-ai-improved-ad-performance-2024-9?utm
Autor:
- Benjamín Madrigal
- Coordinador Sr. Arte y fotografía.
Piagui Grupo. - benjamin_madrigal@piagui.com











Discussion about this post