Septiembre, 2025.- El marketing de influencers es un claro ejemplo de esto. Mientras que su potencial para crear cercanía y confianza es enorme, también los expone directamente al juicio de una audiencia hiperconectada. Cuando una marca elige a un influencer o un mensaje que no resuena con los valores y la realidad de la gente, las consecuencias son inmediatas: rechazo, pérdida de confianza y un golpe a la credibilidad de la marca.
Sin embargo, cada error es también una oportunidad de aprendizaje, pues las marcas que logran sobrevivir y prosperar en este entorno no son las que evitan el riesgo, sino las que saben cómo responder a él.
Para entenderlo mejor, basta revisar estas dos campañas:
Stori Card
La marca lanzó una campaña donde una influencer mostraba cómo gastó más de 6,000 pesos en un solo día y preguntaba a su audiencia si “era mucho o poco”. El error fue inmediato: para muchos usuarios esa cifra equivale a una quincena completa, o incluso a un mes entero de salario. El resultado no fue admiración, sino indignación.
El problema no estuvo en el formato, sino en la falta de conciencia social. Una campaña aspiracional puede inspirar, pero cuando se percibe como desconectada del contexto económico de la audiencia, genera rechazo.
La falta de conciencia social no fue el único error; pues la marca cometió un error estratégico al pautar el contenido y desactivar los comentarios. Este movimiento fue el detonante del enojo masivo.
Cuando una marca silencia la voz de su audiencia, el descontento no desaparece, simplemente se busca otra salida. Al no poder comentar directamente en la publicación, los usuarios llevaron su frustración a otros videos de la influencer, llenando su perfil con críticas y funas que buscaban «cancelarla».
El desenlace fue aún más perjudicial: mientras la influencer era atacada y enfrentaba una crisis personal de credibilidad, la marca no hizo absolutamente nada.
American Eagle
Un tercer caso fue la campaña de American Eagle con Sydney Sweeney, titulada “Sydney Sweeney has great jeans”. La idea buscaba vincular a la actriz con un producto que apoyaba una causa social, pero la ejecución cayó en clichés peligrosos: se reforzó la estética hipersexualizada de la actriz y, de paso, se leyó como una alusión a “tener buenos genes” vinculados a estándares de belleza blancos y hegemónicos. El backlash fue inmediato: la campaña fue acusada de insensible, superficial e incluso con tintes racistas.
Lo interesante vino después: GAP supo capitalizar la conversación con un comercial que se volvió uno de los más virales del año. En él aparece Katseye, un grupo femenino emergente, interpretando una coreografía, usando los jeans de la marca.
¿Por qué funcionó tan bien? las integrantes del grupo provienen de distintos orígenes, con personalidades y estilos únicos. Lejos de reforzar un solo estereotipo de belleza, mostraron que GAP es para todos.
El resultado fue abrumador: millones de vistas en TikTok y reacciones positivas que convirtieron a GAP en la marca que “entendió” lo que su audiencia esperaba.
¿La lección? una estrategia bien planteada y una agencia especializada en influencer marketing son esenciales para evitar errores costosos.
Ya que una agencia de influencer marketing. no solo conecta marcas con creadores, sino que se convierte en verdadero aliado estratégico que puede anticipar riesgos, crear mensajes que conecten con la audiencia y sobre todo, manejar una crisis de marca si es necesario.
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