Julio, 2025.- Demna Gvasalia presentó su última colección para Balenciaga en un desfile que funcionó más como un ritual que como espectáculo. En lugar de música o efectos sonoros, se escucharon voces recitando nombres, envolviendo la pasarela en una atmósfera ceremonial, sobria y profundamente simbólica. Fue un cierre medido y dramático para uno de los diseñadores más disruptivos de la moda contemporánea.
Pierpaolo Piccioli, próximo director creativo de la casa, asistió en primera fila, reforzando la narrativa de transición y el inicio de una nueva era en Balenciaga, mientras Demna se prepara para asumir la dirección artística en Gucci.
Kim Kardashian sorprendió al aparecer en la pasarela, no en el front row, como se esperaba. Su atuendo dramático, con volúmenes extremos y detalles maximalistas, encapsuló la estética de Demna en su expresión más pura, reafirmando su capacidad para convertir a las celebridades en parte integral del relato visual.

La colección se definió por siluetas extremas: hombros sobredimensionados, cuellos estructurados, materiales como cuero y plumas, y una paleta oscura dominada por el negro. Todo con referencias claras al archivo histórico de la maison, reinterpretadas desde una óptica distópica, gótica y corporativa.
Entre la oscuridad, dos vestidos princesa en tonos pastel irrumpieron como gesto casi irónico, introduciendo un contraste inesperado dentro del universo estético de Demna. Una anomalía controlada que mostró otra faceta de su lenguaje creativo.
Aunque visualmente impactante, la crítica ha señalado que esta colección no ofreció grandes sorpresas. Fue una reafirmación de códigos, más que una reinvención. Demna se despide de Balenciaga sin necesidad de demostrar nada más, cerrando su ciclo con contundencia y fidelidad a su visión.











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