Muchos conocen la serie “Penny Dreadful” pero no tantos conocen el origen de la expresión y el movimiento de cultura popular alrededor de ella. 

En efecto, el nombre Penny Dreadful denominó a un increíble fenómeno editorial que tuvo lugar en la Inglaterra victoriana desde mediados de la década de 1830 hasta principios del siglo 20. El “penny dreadful” (también llamado “penny blood”) era una revista o folleto, habitualmente de 16 páginas, escabrosamente ilustrada, y que contenía cuentos sensacionalistas llenos de asesinatos, bandidos, caníbales, vampiros, ladrones, vagabundos, en fin… ya se lo imaginan. Casi siempre costaba un penique y de allí lo de “penny”. “Dreadful” significa “terrible”, “horrible”, “espantoso”.

La primera de estas revistas conocida se publicó en 1836 con el título “Las vidas de los más notorios bandidos, ladrones y asesinos”. La tapa mostraba la lucha entre una banda de maleantes, liderados por el célebre ladrón y caníbal Grimes Bolton, y un grupo de guardabosques. El éxito de esta publicación llevó a una cantidad inédita de ediciones similares, que llegaron a su pico en la década de 1860. Al principio los penny dreadfuls se inclinaban más para el lado de las aventuras pero con el tiempo el público reclamó historias más siniestras. Las revistas más exitosas eran las que contaban casos reales (con especial foco en Jack el Destripador) y fantasías grotescas de personajes como Sweeney Todd, el “Barbero Demoníaco de Fleet Street”, el hambriento vampiro Varney, o la leyenda urbana de Spring-Heeled Jack, el “Terror de Londres”.

Estas revistas trajeron una nueva era en la industria editorial: toda una serie de revistas y periódicos que se beneficiaron con las nuevas tecnologías de impresión y de los mercados generados por los penny dreadfuls. Incluso las publicaciones políticas y educativas aprovecharon el carácter pionero de las revistas, y hasta se dice que alentaron a varias generaciones a aprender a leer.

Los gustos fueron cambiando, sin embargo, y los penny dreadfuls cayeron en popularidad. El público, ahora más alfabetizado e informado, exigía historias más sutiles y estimulantes. Pero los géneros introducidos por estas publicaciones (terror, crímenes reales, historias de detectives) continuaron vigentes, sobre todo a través de autores como Charles Dickens, Arthur Conan Doyle y H. G. Wells.

Vean algunas de las hermosas e inquietantes tapas de los penny dreadfuls. ¿Ne les da ganas de leer las revistas?

(Fuente: Dangerous Minds)