Zona de spoilers, continuar es bajo su propio riesgo.

Entre las muchas películas que me gustan se encuentran Invasion of the Body Snatchers en su versión original de 1956 dirigida por Don Siegel, así como el extraordinario remake de 1978 dirigido por Phillip Kaufman. Estas cintas basadas en la novela homónima de ciencia ficción de Jack Finney sobre unas esporas llegadas del espacio exterior capaces de replicar los cuerpos de los seres humanos creando una comunidad de extraterrestres que trabajan en conjunto y van eliminando a los seres humanos para conquistar la tierra, me parecen ser la base de la nueva serie islandesa de Netflix; Katla que trabaja sobre el mismo principio rector, una fuerza extraterrestre capaz de duplicar los cuerpos de seres humanos. 

Katla es el nombre de uno de los volcanes activos más grandes de Islandia y el mundo. Katla está debajo de un enorme glaciar y cada vez que ha hecho erupción ha provocado que partes del glaciar se derritan creando inundaciones en las zonas aledañas al volcán, que se ubica al sur de la isla.  

La serie en un sobrio y lento ritmo europeo, con sus guiños con el famoso Noirdic, hipnotiza al espectador por lo contundente de sus personajes, la fuerza de la historia y la manera en que se va develando la verdad. La serie inicia con el volcán que lleva meses en plena actividad, la cercana localidad de Vik está casi despoblada por la constante y peligrosa caída de ceniza y lodo provocada por el volcán. La aparición de una mujer joven desnuda que es descubierta caminando cerca del glaciar, cubierta por ceniza endurecida por el agua, la falta de documento alguno y el aislamiento de la región pone en alerta a Gisli (Thorstein Bachmann) jefe y el único policía que queda en la zona, ante la posibilidad de que un grupo de turistas hubiera traspasado el cerco de seguridad pues la mujer a pesar de recordar su nombre Gunhild, una sueca, es incapaz de recordar nada más. Cuando Gisli habla a la casa de una Gunhild en Suecia se siente decepcionado de su búsqueda porque la mujer esta en Suecia y quien contesta el teléfono es su hijo un joven de 20 años, pero la madre al recibir el mensaje decide viajar a Vik donde estuvo 20 años atrás en un viaje definitivo para su vida. Gisli es un hombre fanático religioso, lleno de demonios y deseos frustrados, que cuida de su mujer hemipléjica; Magnea (Solveig Arnasdottir).

El repentino descubrimiento de un comportamiento anómalo en las piedras colectadas por los investigadores en la zona, obligan al vulcanólogo Darri (Björn Thors) a trasladarse de Reikiavik a Vik para estudiar en directo las incoherencias. En realidad, Darri va huyendo de su vida, de su divorcio y de la muerte de su hijo Mikael (Hlynur Hardason) de 8 años.

Finalmente, esta Grima (Gudrun Yr Eyfjörd) y su padre Thor (Ingvar Sigurdsson), su marido Kjartan (Baltasar Breki Samper) quienes como una terrible familia disfuncional han sido golpeados, en especial Grima por la muerte de su hermana menor; Asa (Iris Tanya Flygenring) el matrimonio de Grima esta por llegar a su punto final y la relación con su padre es casi inexistente pues él le pide que supere la muerte de su hermana en el glaciar, algo que Grima se rehusa a hacer. Además de la muerte de Asa, la familia esta marcada por el suicidio de la madre de Grima y Asa, así como el descubrimiento de Asa, anterior a la muerte de su madre, de que su padre tiene una amante. 

Al final del primer capítulo con la misteriosa Gunhild en la clínica local y la vieja Gunhild viajando desde Suecia a Vik, Grima encuentra a una segunda persona cubierta en la mezcla de ceniza y agua que resulta ser Asa y conforme avanza la serie vamos empezando a sospechar lo que resultara cierto Gunhild es la misma persona veinte años antes. 

Darri descubre a un tercer individuo, su hijo Mikael, quien murió tres años antes provocando el distanciamiento entre Darri y su esposa, el único problema con Mikael es que es un niño con impulsos homicidas. Mikael llama a su madre para que lo rescate del encierro en el que Darri lo tiene y todos los elementos de la culpa y el amor son la base de la relación entre este triangulo familiar, a pesar que desde un principio Darri sabe con certeza que ese Mikael no es su hijo, pero representa todos los miedos de Darri sobre el tomar decisiones en la vida. 

Tres seres y hacía el final de la serie un cuarto y un quinto; La esposa de Gisli en versión más joven y sin su paralasis, así como un doble de Grima, terminan por cerrar el cuadro. Esta nueva Grima, más jovial intentara robar su hogar y esposo a la Grima real. La aparición de una Magnea joven es para Gisli una respuesta a sus contenidos deseos sexuales y al final será interpretado por el policía como un intento del diablo por desviarlo de su camino hacia dios, mientras que el enfrentamiento entre la depresiva Grima y su doppelgänger optimista llevará a un desenlace final inesperado, terriblemente cruel, pero totalmente congruente con la serie y la lógica desesperanzada de la depresiva Grima. Thor tiene también sus secretos y razones para desear la llegada de un ser del volcán, que se manifiesta en parte todos los días con un cuervo con una pluma blanca. 

A diferencia de las novela y cintas norteamericanas, en Katla los seres duplicados mantienen una individualidad y carecen de esta visión de trabajo en colectividad. Son seres sin camino, ni historia propia, así como el pretexto y una obligación para reflexionar sobre el pasado; cómo lo construimos y deconstruimos, son el recordatorio de las culpas de los protagonistas. Opuestos a los complejos humanos a los que emulan, los cuerpos invadidos de la serie a pesar de tener sentimientos y un albedrio propio están construidos por los recuerdos de sus familiares, son también la imagen idealizada o potencializada del humano replicado. Asa ya no tiene vicios y la verdad brutal y directa que dice Mikael. Magnea es una ama de casa amorosa y Gunhild sólo busca ese amor que la marcó de por vida, mientras Grima es todo lo que la verdadera Grima desearía poder ser.

La serie es una obra compleja y completa. La música de la serie compuesta por Hogni Egilsson, la fotografía y la ambientación gris, con sus montones de ceniza son el simple reflejo del alma de los pocos habitantes de Vik. Las tres enormes rocas del litoral, el fuselaje oxidado de avión abandonado que marca un antiguo accidente aéreo, son características reales de la zona que ayudan a delimitar a esos personajes que protagonizan la serie, totalmente desamparados que deambulan por una tierra infértil y sin vegetación.

Como otras series escandinavas Katla no tiene desperdicio y vale mucho la pena verse.   

La serie fue escrita por Sigurjon Kjartansson y Baltasar Kormakur que también dirigió cuatro episodios de la temporada que tiene ocho.