¿Recuerdan esa gran cinta sudafricana de los ochenta con ese título? en ella una botella de Coca Cola vacía caía del cielo en las manos de un bosquimano, quien emprende una travesía en busca del fin del mundo para regresar el extraño objeto a sus dueños; los dioses. Los dioses y los mitos atraen a todos desde los escritores de Marvel con su patético y muy gringo Thor hasta los escritores de series como American Gods o Ragnarok.

Sin que la lógica y la trama sean comedia, aunque algunas situaciones sean de humor involuntario digno de Juan Orol, Netflix estrenó la segunda temporada de su serie Ragnarok, donde por momentos los guionistas han creído que los dioses están locos, aunque sea por momentos.

Ragnarok es una historia de mitológica nórdica; la lucha entre los gigantes y los dioses reescrita a nivel de serie juvenil y preparatoriana situada en el pequeño pueblo noruego emblemáticamente llamado Edda. En la primera temporada Magne (David Stakston) un joven con problemas de aprendizaje, de socialización, incluso de vista comienza a darse cuenta que con su llegada al pueblo él comienza a cambiar. Todos sus problemas físicos desaparecen y comienza a tener una fuerza sobrehumana. En el pueblo dominado por la familia Jutul que conforme avanza la serie descubrimos son un grupo de gigantes inmortales que dominan en muchas formas el pueblo y viven instalados en el spleen y la nostalgia. Los gigantes añoran los siglos anteriores cuando los humanos los adoraban y veían como dioses.

Al final de la primera temporada Magne se da cuenta que es Thor y de que controla el rayo y para sorpresa del jerarca de los Jutul; Vidar (Gisli Örn Gardasson) que es derrotado por primera vez en eones, para poner punto final a la lucha ambos quedan inconscientes al ser alcanzados por un rayo convocado por Magne.

La nueva temporada inicia justo donde termina la primera: El gigante y el dios noqueados por el rayo. Con la hechicera divina, que es además la cajera del supermercado local, observando todo. Conforme ambos personajes recuperan la conciencia y se reconocen. Vidar amenaza a Magne con matarlo al llegar el siguiente ciclo lunar y que crea el principal hilo narrativo de la serie o al menos eso pretenden los guionistas que supongamos. 

Gry (Emma Bones) el amor platónico de Magne rescatada por Fjor (Herman Tommeraas) el gigante que se hace pasar por el hijo de la familia Jutul, inicia una relación con el inmortal. A partir de esta relación Fjor abandonara a los gigantes y se replanteara su vida, para al final optar por el destino que obliga su historia. 

Magne se tiene que plantear sí el fin justifica los medios siendo un digno representante de la forma de pensar de los jóvenes algo que lo convierte en un personaje vivo, incapaz de reconocer sus valores como Dios, algo que pocas veces sucede en los superhéroes que siempre tienen claro si son buenos o malos, o en los antihéroes como los superhéroes institucionalizados de la serie The Boys de Amazon Prime que son cínicos y hedonistas con sus poderes.  Los dioses de la antigüedad tenían una responsabilidad cosmogónica con sus adoradores. Los gigantes con ellos mismos. Mientras Magne y Fjor son personajes complejos y bien armados en sus conflictos interiores. Los demás parecen atravesar los capítulos como fantasmas de un melodrama simplón.

La segunda temporada ahonda en la mitología y crea los compañeros correspondientes en la vida de Magne y sus conocidos en Edda. Encontrar a los nuevos dioses que habrán de acompañarlo en batalla y la necesidad de Magne por forjar el famoso martillo se convierten en sus principales obsesiones y terminaran por hacer al joven dudar y renunciar a su don divino. 

Thor en la mitología tiene un medio hermano; Loki. En la serie Magne tiene un hermano Laurits (Jonas Strand Gravli) que termina siendo en realidad medio hermano y el producto de la relación extramarital de su madre con Vidar, cumpliendo de esta manera con las características del semidios vikingo, este personaje es uno de los peores escritos de la serie y el menos trabajado en materia actoral. Desde el rostro inexpresivo del actor a lo largo de los doce episodios de la serie.  Su actuación que pretende ser contenida, resulta más bien constreñida. El personaje construido parece un triste esbozo semidios. El reflejo en el espejo que le descubre su verdadera imagen y personalidad, lo muestra como un triste un rockstar de un mal grupo de metal norteamericano, no como el astuto y artero personaje que es Loki. Y para ponerle una cereza a todo el esperpento del personaje está el hecho de que la serpiente que devora al mundo nace como una solitaria lo que es uno de los peores momentos e ideas de la serie junto con la serpiente misma y su boca tipo guasón, muestra lo irregular de la escritura y concepción de la historia.

Más allá de este fallido personaje, la serie tiene un grave defecto que es iniciar creando la expectativa de una batalla en la que los gigantes intentaran matar a Magne, que nunca sucede. Por otro lado, en lugar de crecer dramáticamente la tensión del argumento este se va alentando y perdiendo fuerza, únicamente para dejarnos al final con la promesa de una tercera temporada que puede o no valer la pena. 

Es aquí donde la serie me recuerda muchos aspectos de American Gods de Amazon Prime donde en las primeras dos temporadas mucho pasa para que en realidad no pase nada o pase muy poco para que la acción definitoria y realmente importante de toda una temporada se cuente a lo largo de la misma y se defina en los minutos finales del capítulo donde termina la temporada. No existe en ninguna de las dos series una progresión narrativa, estamos frente a un deliberado retraso de las acciones para cumplir con tiempos de producción, con tramas secundarias que no aportan nada a la serie.  Con solo seis episodios por temporada estas deficiencias se notan más.

Los dioses deben estar locos si han permitido a los guionistas de Ragnarok, la ridiculización de personajes como Loki, o como la giganta que pretende ser la madre del grupo y se dedica a beber y fumar en un estado de depresión en aras de terminar sus guiones a tiempo. Es cierto que los dioses de la antigüedad fueron creados a imagen y semejanza de los seres humanos con sus pasiones, defectos y virtudes. Pero lo cierto es que en el dibujo de los personajes de Ragnarok estos rasgos son muy exagerados y no tienen mayor contraparte como en los complejos dioses de los pueblos antiguos. 

Esperemos si hay tercera temporada que recupere la frescura y fuerza de la primera. Que los guionistas no olviden que hay que devolver la botella vacía de Coca Cola, pero las aventuras deben ser congruentes, atractivas, sin traicionar el género que escogieron.