La aparición repentina del virus SARS -CoV-2 es sin duda ya, un hecho histórico, pues este, ha modificado profundamente las relaciones sociales, políticas y las dinámicas económicas y culturales; en este último aspecto, las medidas de distanciamiento social que se implementaron desde marzo de 2020 y que continúan hasta la fecha, han impactado directamente en la evolución y la adaptación de la industria del cine debido al cierre de las salas de proyección cinematográfica alrededor de todo el mundo, además del “congelamiento” de los procesos de producción y realización de las obras también a una escala internacional. 

De acuerdo con cifras de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica – CANACINE – durante el periodo comprendido de marzo a diciembre de 2020, los ingresos por la venta de boletos en las salas de cine, fueron de apenas 804 millones de pesos, representando un 95% menos con respecto al mismo periodo del año 2019 reduciendo significativamente, la productividad y convocatoria de esta industria. Expertos como la doctora en economía Violeta Rodríguez del Villar, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas; el doctor en Historia Francisco Peredo Castro, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y el cineasta Rigoberto Castañeda, académico de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC), han coincidido como parte de la mesa de “Repercusiones de la pandemia en la industria cinematográfica”, organizada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que las y los mexicanos no regresaran en “masa” a las salas de cine una vez “terminada la pandemia por el COVID 19”, por lo que sin duda, el cambio de paradigma en cómo, las personas consumirán esta expresión artística después de la contingencia sanitaria, es una realidad. 

Si bien el especialista en cine, periodismo y catedrático del Tec de Monterrey Arturo Shoup afirma que “las salas de cine no desaparecerán y darán la pelea para no hacerlo”, – como lamentablemente no lo logró “La Casa del Cine” en el Centro Histórico de la Ciudad de México con el anuncio reciente de convertirse en un proyecto digital – la industria cinematográfica tendrá que adecuar sus procesos, – desde el creativo hasta los de producción y marketing – a una realidad en donde los estrenos se harán simultáneamente en salas de proyección selectas y en las plataformas de streaming debido a que las personas no sólo considerarán tomar en cuenta las medidas de higiene para asistir a los cines – un hábito exclusivamente creado durante la pandemia -, sino también, considerarán la comodidad y la inmediatez de disfrutar del séptimo arte en casa partiendo del sentimiento de exclusividad y privacidad que dichas plataformas y espacios han brindado a los usuarios a partir del confinamiento social. Plataformas como HBO Max o Dysney Plus pertenecientes a grandes conglomerados como Warner Media y Disney, ya han probado que es posible estrenar títulos simultáneamente en cines y plataformas de streaming de manera exitosa con cintas como “Wonder Woman 1984”, “Soul”, Zack Snyder’s Justice League, la serie Falcon & The Winter Soldier y Godzilla VS Kong, iniciando así, la carrera por los “números” y las preferencias también en las diferentes opciones de contenido en línea a la que poco a poco se empiezan a sumar otros estudios de cine y de entretenimiento.  

La innovación puede ser motivada por la necesidad de adaptación a partir de grandes acontecimientos que influyen directamente en las dinámicas sociales; las revoluciones tecnológicas, políticas y económicas además de hechos de grandes proporciones como una pandemia mundial son ejemplos claros. El desastre es una oportunidad para la creatividad y así, lo ha demostrado la industria cinematográfica al adaptarse como otras industrias creativas y artísticas, a las condiciones que han generado en conjunto la “tercera revolución industrial” y recientemente la aparición del COVID 19 para terminar de integrarse a la “aldea global digital” y llevar el séptimo arte, a los aldeanos de dicha comunidad. 

Por Ángel Arce Ortiz