Hay profesiones en las que recibir una crítica al trabajo no es muy común. Si un médico, por ejemplo, le dice al paciente que tiene una dolencia en el hígado, es poco probable que el paciente le conteste que no, que no es en el hígado sino en el estómago. Si esto sucediera, el médico se limitaría a señalar su diploma y a decir: “¿Quién es el médico, usted o yo?”

En otras profesiones, en cambio, el trabajo es más opinable: si un diseñador le dice al cliente que le conviene un logo verde, el cliente puede contestar que no, que él prefiere un logo azul. O rojo, o marrón, o lo que sea. El diseñador puede señalar también su diploma pero eso solo llevará a que el cliente alce sus hombros diciendo “¿Y a mí qué me importa? Sigo prefiriendo el azul. O el rojo, o el marrón.” Otra situación bastante común consiste en presentar una campaña con, por ejemplo, un perro, y que la devolución del cliente sea “Me encanta, pero saquemos al perro”. (Vean más abajo lo que le pasó a Herman Melville con “Moby Dick”.)

Un feedback negativo puede ser formulado con elegancia y educación. Pero también puede ser ácido, grosero y hasta insultante. A todos nos pasó. Lo más increíble es que también les pasó a estos célebres escritores, en algunos casos en referencia a sus obras cumbres. Como para que no nos sintamos tan mal ante un feedback negativo, aquí van algunos ejemplos.

  • Moby Dick”, el clásico de Herman Melville, fue rechazado por varios editores. Algunos de ellos, incluso, se animaron a darle un feedback al autor. Peter J. Bentley, de la editorial Bentley & Son, le escribió: “Primero debo preguntarle: ¿tiene que haber una ballena? […] Recomiendo un antagonista más popular entre los lectores jóvenes. Por ejemplo, el Capitán podría comportarse como un depravado con las doncellas jóvenes y voluptuosas.” La novela de Melville se publicó finalmente (y en esa editorial) pero el autor tuvo que pagar por la tipografía y el enchapado para su impresión.
  • En 1925, Ernest Hemingway, entonces de 26 años, envió su novela “Fiesta” (en inglés “The Sun Also Rises”) a la editorial Peacock & Peacock. Un tal Moberley Luger le respondió: “Si me permite ser franco, encuentro que sus esfuerzos son tanto tediosos como ofensivos. […] No me sorprendería escuchar que usted escribió esta historia encerrado en un club, con tinta en una mano y brandy en la otra. Sus personajes bombásticos, dipsómanos y perdidos me han hecho ir a buscar mi propio vaso de brandy.” Lo que dice sobre cómo Hemingway escribió su libro no parece muy alejado de la realidad. “Fiesta” fue publicado por otra editorial al año siguiente.
  • Así como muchos publicitarios suelen criticar el trabajo de sus colegas, hay escritores que hacen lo mismo. En 1944, el poeta y ensayista T.S. Eliot trabajaba en la editora Faber & Faber, y escribió un largo rechazo para la novela “Rebelión en la granja” (“Animal Farm”), de George Orwell. La carta de Eliot decía, entre otras cosas: “No estamos convencidos de que este sea el punto de vista correcto para criticar la actual situación política. Sus cerdos son mucho más inteligentes que los otros animales y, por lo tanto, los más calificados para manejar la granja; de hecho, no habría granja sin ellos. Lo que se necesita, entonces, no es más comunismo sino más cerdos cívicos.” La obra de Orwell fue rechazada por otras cuatro editoras hasta que finalmente fue publicada en agosto de 1945.
  • “Una pesadilla sin fin.” Así describió un editor la novela “La guerra de los mundos”, clásico inoxidable de H.G. Wells que aún hoy, 120 años después, se sigue imprimiendo. No contento con esa definición brutal, aquel editor siguió: “Creo que el veredicto es Oh, por favor no lean ese horrible libro”.
  • Este caso es el de un libro más conocido que leído: “Trampa 22” (“Catch-22”), la novela de Joseph Heller sobre la Segunda Guerra Mundial. Un editor hizo este comentario sobre el libro: “No tengo la más remota idea sobre lo que este hombre quiere decir. Aparentemente intenta ser gracioso”. De hecho, la novela se llama así porque fue rechazada 22 veces antes de su publicación.
  • Esta es una nota de rechazo pero muy agradable, sobre todo en comparación con algunas de las que ya revisamos. Le fue enviada a Kurt Vonnegut por la revista Atlantic Monthly: “Durante la habitual limpieza que hacemos en nuestras oficinas en el verano, encontré tres artículos que usted envió. Lamento sinceramente que ninguno resulta adecuado para nuestro propósito. Su narración del bombardeo de Dresden y su nota ‘¿Cuál es el precio justo de los huevos de oro?’ son elogiables pero no lo suficientemente convincentes como para ser aceptados”. Vonnegut convirtió su relato sobre el bombardeo de Dresden en la hoy clásica novela “Matadero Cinco” (“Slaughterhouse-Five”).
  • Para ser sincero, la opinión de un editor sobre “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust, es compartida por mucha gente. Lo que escribió el editor: “Me carcome el cerebro pensar por qué un tipo necesita 30 páginas para describir cómo da vueltas en la cama antes de dormirse”.
  • “Abrumadoramente nauseabunda, incluso para un Freudiano de mente abierta. Esta cosa es una cruza insegura entre realismo asqueroso y fantasía improbable. A menudo se convierte en un sueño salvaje y neurótico. Recomiendo que sea enterrada bajo una roca por mil años.” Esta dulce respuesta de un editor fue dirigida a la novela “Lolita”, de Vladimir Nabokov, publicada en 1955. No, no habían pasado mil años.
  • Rudyard Kipling envió un cuento a un diario de San Francisco, EE.UU., y recibió una respuesta que incluía este misil: “Usted simplemente no sabe cómo usar el idioma inglés.”
  • Otra respuesta corta y contundente: “Por su propio bien, no publique este libro.” Se trata de una recomendación enviada a D.H. Lawrence por su novela “El amante de Lady Chatterley”.
  • Esta es la opinión que un editor le envió a otro editor acerca del libro “El espía que vino del frío”, clásico del recientemente fallecido John le Carré, y también de la Guerra Fría: “Bienvenido a le Carré. No tiene ningún futuro.”
  • “Limítese a la docencia” fue el mazazo que le descerrajaron a Louisa May Alcott cuando quiso publicar nada menos que “Mujercitas”. Al final el libro salió en dos volúmenes en 1868 y 1869, y sigue siendo un clásico 150 años después.
  • Otro ejemplo similar al de Melville y “Moby Dick”. En esta ocasión, la impresionante respuesta que recibió F. Scott Fitzgerald: “El suyo sería un libro decente si eliminara el personaje de Gatsby”. Y sí, el libro al que se refiere es, desde luego, “El gran Gatsby”.
  • Para terminar, un rechazo a Stephen King, uno de mis autores favoritos aunque esta novela la firmó originalmente con el seudónimo Richard Bachman. El libro es “El fugitivo” (“The Running Man”) que también fue una película protagonizada por Arnold Schwarzenegger. La nota que recibió King decía: “No estamos interesados en ciencia ficción que trata sobre utopías negativas. No venden.”

(Fuente: Mental Floss)