He escrito varios textos diciendo que 2020 fue el año de los cambios, sin embargo, me cuesta trabajo distinguir qué es lo que ha cambiado en mi vida. Cuando miro hacia atrás, pareciera que después de marzo llegó diciembre. Solo así. Sin mucho qué reportar.

Hasta que me detengo. Dejo de lado la prisa, las urgencias, la lista de pendientes que parece jamás terminar. Me detengo, algo que no hice mucho este año. Me detengo, y me doy cuenta que nada en mi vida es como antes, en primer lugar porque la perspectiva que tengo de mí como mujer, de las mujeres que me rodean, y por ende, de los hombres, ha cambiado por completo.

Hace poco más de un año, sin demasiados aspavientos, yo también estaba en contra del feminismo.

Pero pasó el tiempo, y una suma de factores (que incluye el Primer Diagnóstico de Brecha de Género en la Industria Publicitaria que realizó el Círculo Creativo de México), me fueron orillando a conscientemente cambiar de opinión: Más por responsabilidad que por convicción, fui a la mega marcha feminista del 8 de marzo, di un speech a las mujeres de la agencia para dejar claro por qué era importante el paro nacional del 9 de marzo y estuve detrás de las acciones de Roastbrief en pro de las mujeres. Lo hice porque parecía lo correcto, lo lógico, lo que dentro de mi posición, me tocaba hacer.  Y al hacerlo, tuve la oportunidad de platicar, cuestionar y sobre todo aprender, de grandes mujeres, que si bien siguen en el camino de deconstruirse, sabían -y probablemente saben- muchísimo más que yo.

Esto no es una apología del feminismo. No pretendo invitar a que confíen ciegamente en un movimiento con el que es posible que de primera instancia no se identifiquen, al contrario, pretendo brindar algunas herramientas para criticar o apoyar el feminismo desde el entendimiento y no desde la inercia.

1. Las cuotas de género suenan horrible, pero la situación que las ‘creó’ es aún peor.

He escuchado a muchos decir que son absurdas por incoherentes, porque pareciera que es otra cara de la misma moneda, una nueva manera de privilegiar a un género y discriminar al otro. Pero no. No, porque hombres y mujeres no estamos en igualdad de condiciones. Si viviéramos en un mundo ideal, en el que ningún género gozara de privilegios sobre el otro, la cuota de género sería injusta, sin embargo, la realidad es que las mujeres tenemos menos probabilidades de ser contratadas en ciertos puestos: según el estudio, aunque el 75% considera que tanto hombres como mujeres se pueden desempeñar en cualquier área de una agencia, 4 de cada 10 sigue considerando que sí existe una diferencia en habilidades y capacidades entre hombres y mujeres. Solo el 8% de los encuestados afirma que es raro que los hombres ocupen puestos directivos, frente al 29% en el caso de las mujeres.

Nadie está pidiendo que se contrate a una persona únicamente por ser mujer. El talento siempre tiene que pesar más que el género. Lo que se pide, es tener ‘inclusión consciente’, que cuando tengas que contratar a alguien, te obligues a buscar ese talento en mujeres. Que si tienes 2 buenos candidatos, elijas a la mujer, que si vas a contratar, veas primero a las mujeres, de igual modo en las producciones, busca primero el talento femenino… y si aún así el candidato que más te gusta es hombre, y dos tercios de tu equipo también lo son, cuestiónate si lo que no te convence son sus habilidades o el hecho de que piense (o se vea) diferente a ti. Entre más diverso un equipo, más eficiente será. Las ‘cuotas’ de género pueden sonar horrible, pero es aún peor que las mujeres necesitemos que existan para poder crecer.

2. Esto no es una guerra de hombres vs mujeres, pero tampoco de buenos vs malos.

El machismo está tan normalizado que se ejerce más por inercia que por intención. Alguien (de cualquier sexo) puede considerarse a sí mismo una buena persona, tener buenas intenciones para quienes lo rodean, y aún así ser machista.

Mientras que el 75% de los hombres del estudio dijeron no haber experimentado discriminación, 36% de las mujeres han sido víctimas de alguna forma de violencia de género en su espacio de trabajo, siendo los piropos y las miradas morbosas las principales formas de violencia.

Golpear a una mujer no es la única forma de ejercer violencia sobre ella. Pienso que la mayoría de las veces no hay una mala intención detrás, no es porque sean malas personas, sino porque no siempre es fácil reconocer el machismo. No todo es tan evidente como se cree. De ahí la importancia de visibilizar el problema. No se puede corregir algo que no se reconoce.

3. Hombres y mujeres somos diferentes, y necesitamos de ambos para generar comunicación relevante.

Sí, al hacer comunicación dirigida a un Target femenino (o cualquiera) debe haber mujeres en el equipo, pero también bisexuales, gente mayor, jóvenes, y entre ellos, hombres. Ambos somos igual de capaces y necesarios. La diversidad, acompañada del respeto, la apertura y la aceptación es la clave. Aún cuando en el estudio no se observaron diferencias significativas en el tipo de campañas o cuentas que se le asignan a hombres y mujeres, muy pocas personas se sienten identificadas con la publicidad actual. Para nadie es secreto que seguimos perpetuando estereotipos y figuras irreales. El punto no es únicamente tener equipos con perspectivas distintas, sino entender que cada persona tiene un papel, y solo con su aporte lograremos hacer un cambio.

Mientras que 61% de las mujeres en puestos de nivel medio o bajo se sienten algo o poco capaces para ocupar puestos de dirección, 59% de los hombres se considera que es muy capaz de desempeñarse satisfactoriamente.

Hombres, busquen el significado de ‘mansplaining’, mujeres, alcemos más la voz, demos más nuestras opiniones, no nos callemos si algo nos parece incorrecto.

¿Por qué escribo todo esto? Porque estoy cansada.

Estoy cansada de la historia de la VP que aún teniendo más logros que muchos hombres juntos, día a día tuvo que validarse, justificar su puesto, soportar las criticas por su alma libre y carácter fuerte, y preferir dejar de lado su carrera con tal de tener -al menos- unos meses de paz.

Estoy cansada de la directora creativa que no ha subido de puesto porque aún con varios pitches ganados no se siente segura de su talento, porque su belleza -y los chismes- la hacen dudar de las razones por las que ha ganado esas cuentas.

Estoy cansada de la supervisora de cuentas a la que critican porque los rumores dicen que subió de puesto porque se acostó con su jefe, con los clientes y hasta con sus equipos anteriores, que sin importar lo absurdo de la historia, prefieren continuar el chisme y ser hipócritas con ella.

Estoy cansada de la copy a la que no la dejaron pelotear, que minimizaron su esfuerzo, su interés y sus ideas porque fue a denunciar a su acosador a RH, quienes dijeron que investigarían su caso, pero que ella también tenía que ser cuidadosa de no provocarlo… porque “ya ves como es él”.

Estoy cansada de la trainee que decidió dejar su naciente y brillante carrera porque no aguantó al director de arte que se sentía con derecho de poseerla, a hablar de su cuerpo, a decirle que la única manera de dejar de ser trainee era a través de él.

Estoy cansada de sentirme culpable por haberme beneficiado de un sistema machista, de ser consciente que para crecer, al mismo tiempo que perfeccionaba mis habilidades como copy, tenía que aprender a jugar con hombres, a fingir demencia, a no darle importancia al halago hacia mis piernas cuando yo esperaba que fuera hacia mis textos, a la cortesía disfrazada de juegos de rol, a la sonrisa como señal de silencio…

Escribo esto porque me gustaría que cada una de las historias anteriores fueran ejemplos y no anécdotas, porque espero que en el futuro sean recuerdos y no la realidad.