En 2011 la cadena de televisión estadounidense Starz estrenó la primera temporada de una serie que pocos recuerdan llamada Boss en la que el mafioso alcalde de Chicago Tom Kane, interpretado por Kelsey Grammer, es dictaminado en la secuencia inicial de la primera temporada con un tipo de demencia que es degenerativa DLC. A partir de ese momento la vida consciente de Kane comienza una carrera contra el reloj buscando dejar todo como el quiere, sin que vayan a inculparlo y sobre todo tratando de ganar tiempo para que llegue la cura milagrosa que no existe en contra de su padecimiento.

La primera temporada de Boss es extraordinaria. La serie una reflexión sobre el poder corrupto en el gobierno de Estados Unidos antecede a House of Cards y la fuerza de la interpretación de Grammer es comparable y a veces superior a la de Kevin Spacey en la serie de Netflix. Entonces ¿Por qué nadie recuerda o conoce esta joya? Porque la segunda temporada es tan mala que hundió toda la idea y concepto de la serie en dos capítulos.

Acabo de descubrir en Netflix una serie española cuya primera temporada data de 2018 producida para la plataforma por la compañía productora española Mediaset llamada Vivir sin permiso. En el primer capítulo el empresario y capo de la cocaína en las rías de Galicia, Nemo Bandeira, interpretado por José Coronado, es diagnosticado con Alzheimer. Como en el caso de Kane, Bandeira tiene que dejar al corriente muchos asuntos antes de que la enfermedad se apodere de él.

Las series dependen de las actuaciones y personalidades tanto de Grammer y Coronado, todos los demás actores deben estar a la altura de las actuaciones de estos dos intérpretes. Los personajes son muy sólidos y están escritos con mucha fuerza, su circunstancia trágica, a pesar de tratarse de melodramas, marca un tono muy especial en la línea argumental de ambas primeras temporadas, mismo que se pierde en tonterías en las segundas temporadas.

Una cosa de llamar la atención en la primera temporada de la serie española es que a pesar de un formato de telenovela mexicana de chica pobre que se vuelve rica, en este caso la hija bastarda de Nemo, todos los personajes de este melodrama son despreciables y contienen un grado de maldad que supera y por mucho a su bondad con excepción de Lara, la hija ilegítima de Nemo y Malcolm, a pesar de mentir a lo largo de toda la temporada y resultar un impostor. Un joven que trabaja en la empresa pantalla de Nemo, pero en realidad es un agente de la inteligencia española que esta tratando de encontrar los delitos fiscales de Nemo.

Kane tiene que ocultar sus temblores y alucinaciones, Bandeira su pérdida de la memoria reciente, sus hombres de confianza son los encargados de ayudarlos a esconder su enfermedad. Ambas series tienen muchas similitudes, aunque hay que decir que la principal de ellas es una segunda temporada patética donde parece que los enfermos son los productores, los creadores y guionistas de las series que olvidan lo más importante en la premisa de su serie: Un hombre poderoso padece una enfermedad neurológica degenerativa. En ambas series el personaje es mucho más entero mentalmente en la segunda temporada que, algo que resulta imposible de creer, en la primera. Incluso en Vivir sin permiso en una de las vueltas de tuerca más interesante es cuando Nemo Bandeira sufre un ataque que en teoría lo incapacita en su totalidad, después descubrimos la tontería argumental más absurda en la trama de la segunda temporada; se trata de un plan de Nemo, para deshacerse de sus enemigos.

De la misma manera que el personaje principal es ridiculizado con el tratamiento que le dan el creador y los guionistas en la segunda temporada, los argumentistas olvidan el amor de Yocasta que la esposa de Nemo, Chon, (Pilar Castro) siente por su hijo Carlos (Alex Monner) y al que al final de la temporada uno de los personajes más abyectos y mejor interpretados de la serie Mario Mendoza, (Alex González), el ahijado de Nemo, su protegido e hijo putativo, quien se siente traicionado cuando Nemo decide que la empresa debe ser dirigida por uno de sus hijos, obliga a drogarse con un coctail de drogas que para dolor de Chon deja a Carlos en estado vegetativo. Durante la segunda temporada Chon ha olvidado a Carlosy su ambición se ha transformado en una frivolidad que la llevan a buscar un amante. De Carlos Bandeira no volvemos a saber nada, salvo una escena cursi en la que Nemo tiene una alucinación con él. Mientras que el Mario Mendoza se ha convertido en un corderito de Dios que busca redimir sus pecados.

Otro personaje que se transforma y olvida su línea de personaje despiadado y sin escrúpulos es el policía Adolfo Monterroso (Xabier Deiver) quien se convierte en un rebelde y travieso policía.

El mejor personaje de toda la serie es guardaespalda personal y viejo amigo de Bandeira; Ferro (Luis Zahera) además por que la actuación de Zahera está a la altura de la de Coronado. La segunda temporada introduce a nuevos personajes salidos de un esperpento de Ramón del Valle Inclán, mafiosos mexicanos listos para comerse el negocio de Nemo y hacerse dueños del narcotráfico en Galicia, la puerta europea de la cocaína; Germán Arteaga (Rubén Zamora) y su hijo Daniel (Patrick Criado). Así como la hermana de Chon, Bertha (Leonor Waitling) una ninfómana trepadora que lleva a los mexicanos a España. Así como la llegada de una jueza, hija un alcalde afectado por la corrupción de Nemo, un recurso tan antiguo como todos los otros lugares comunes de los que esta llena la segunda temporada.

Sólo cuatro personajes permanecen en dibujo de su perfil, más o menos son Ferro, un sicario colombiano llamado Freddy (Edgar Vittorino), Nina Bandeira (Giulia Charm) la hija de Nemo y Lara Baladarés (Claudia Traisac) la hija bastarda de Nemo.

La primera temporada, como sucede con Boss es muy recomendable y como en el caso de la serie norteamericana mi consejo es vean la primera temporada únicamente, disfruten de la actuación de Coronado y se hagan a la idea de que se trata de una miniserie.