La vida ha entrado en un trance de inmediatez increíble que nos ha sumergido en aceptar cosas (sin importar el resultado) que son rápidas, cosas que a todos les importan pero que terminan siendo ignoradas porque no hay tiempo. Las corridas de toros, los océanos llenos de basura, la guerra en el mundo, y todas aquellas cosas que “Leloo” vio en imágenes en la película El quinto elemento.

Hay varios ejemplos de ello, pero muy pocos nos apersonamos de las situaciones que, aunque no nos cambien la vida, sí cambiarán la de muchos que las sufren en carne propia. Estamos acostumbrados a oír lo primero que nos dicen y a quedarnos con ello, sin escuchar a los demás actores implicados en un acuerdo, una idea o una lucha que lleva a un mismo fin. Pasa en las campañas publicitarias, en la política, en las discusiones familiares y hasta en nuestras mentes.

He llegado a la conclusión de que escuchar todos los puntos e ideas de las personas, por más insensatas que sean, es la ruta de la construcción hacia una idea fuerte, impactante y poderosa, porque a todos nos gusta ser escuchados y a todos nos gusta que nuestras opiniones sean tomadas en cuenta… Pero hay una gran verdad, no a todo el mundo se le mantiene contento.

¿Por qué?

Porque simplemente, a unos cuantos, no toman la iniciativa de aportar, no les interesa evolucionar ni ser parte de un equipo ganador que más que ganarse un premio, se apoderará de un segmento del mercado. Son esas personas las que se mantienen inconformes con su trabajo y con lo que no han logrado, haciendo responsables a las que sí le han metido todo su compromiso a ese gran fin. ¡La ventaja es que nos podemos comunicar!

Somos inmensamente diferentes gracias a la vida que hemos vivido, a la infancia que tuvimos y a cada comentario amoroso o hiriente que nos ha marcado, así no nos acordemos de ello. Aún así, he aprendido a ponerme en los zapatos de los demás, para entender el por qué por el que piensan así.

Siempre he pensado que es sano que en una lluvia de ideas intervengan personas de diferentes edades, tradiciones, gustos y pensamientos, pues a la final, el mensaje va para ellos, para la inmensa población diversa y difícil que va a comprar nuestras ideas, ya sea adquiriendo lo que les vendemos o posicionándolas en su mente de alguna forma.

Mi consejo para todos hoy es aprender a escuchar, bien decía Alvin Toffler, un escritor y futurista estadounidense, doctorado en Letras, Leyes y Ciencia, conocido por sus discusiones acerca de la revolución digital, la revolución de las comunicaciones y la singularidad tecnológica: “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer ni escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender lo aprendido y volver a aprender.”

¡Feliz martes de aprendizajes!

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