En la primera parte quedamos en que el llamado “vandalismo publicitario”, hace referencia a la intervención directa de una pieza propagandística con el objetivo de oponerse al ametrallamiento de contenido consumista implícito en él.  Pero, ¿quién determina que dicho contenido es propaganda o no?, ¿existe la posibilidad de que el brandalism no sea el mal sino más bien la cura de la enfermedad? –me puse profunda-

Sabiendo qué implica la intervención de la que hablamos y qué no, la realidad es que estamos en un punto de percepción y conocimiento del ser humano al que jamás pensamos llegar –en la publicidad-. Hemos sido capaces de hipnotizar a las personas con técnicas que nos benefician en los negocios, cuyas consecuencias ignoramos o hacemos de la vista gorda.

He ahí el contraste

Al ojo de intervenido es maldad pura, a consciencia de los intervencionistas es protesta en pasta y para nosotros los espectadores, una nueva manera de ver el alcance que tiene la publicidad exterior, el arte callejero y de protesta, y su impacto en el marketing actual.

El “lavado verde” es una excelente manera de apreciar la bondad o la maldad del brandalism, esas empresas que dicen ser amigables con el ecosistema pero que realmente no lo son, fueron de las primeras en ser intervenidas por artistas itinerantes que expusieron al público mediante su contraparte publicitaria, lo que todos ya sabíamos pero nadie se animaba a decir.

Lo que llama la atención, es cómo las empresas han tomados cartas en el asunto mucho más allá del hecho de haber sido blanco de una intervención publicitaria, ahora tu empresa dejó de ser el centro de atención porque eras el mejor en el rubro eléctrico o comercial, ahora lo es por cómo tratas a tu personal, la irresponsabilidad que cometió algún trabajador etc. 

¿Publicidad cultural?

Quienes hemos hecho amistad con la publicidad sabemos sobradamente que en sus inicios generaba necesidades, luego se interesó en sus deseos –todavía creo que estamos aquí- y ahora su meta a corto plazo pareciera ser “crear personas”.

Siempre pensé que Lady Gaga y cuanta “artista revelación” salía de las filas del anonimato y se convirtiera en la supermega estrella de la noche a la mañana, sin duda era una creación. Pues eventualmente no necesitaremos tener propósitos artísticos para serlo, la publicidad lo va a hacer por nosotros.

Más que un comercial representando un producto, nosotros somos el producto que ellos están fabricando. Pero ¿para qué quieren crear personas? Para tener ventas garantizadas, pues terminas comprándote a ti mismo sin que te des cuenta –no es tan complicado de entender-

Propaganda publicitaria

¿Qué tipo de personas fabrica la publicidad? Mujeres y hombres como tú y yo, con inseguridades y fortalezas que nunca serán suficientes. ¿Por qué hay tantos suplementos vitamínicos para fortachones y menos para aquellos niños con bajo peso?, porque es la publicidad quien dicta el estándar de belleza en la actualidad. Es así.

Una realidad maquillada, retocada y photoshopeada que les ha funcionado en una sociedad que busca diariamente ser “diferente” y “original” –aunque todos terminen pareciéndose-. En este punto, comparto la visión de Northrop Frye que una vez definió a la publicidad como “una mezcla juiciosa de adulación y amenazas”.

Mostrarte un solo lado o aspecto del argumento el cual se basan para que modifiques tu comportamiento y el de los demás, produciendo respuestas emocionales que desencadenen una lucha comercial, es sin duda, la clave en la publicidad actual. 

Consumidor 0 – Publicidad 1

Mientras que la publicidad nos ruega que nos permitamos un capricho porque nos lo merecemos, el apocalipsis hace presencia si no nos damos dicho antojo con las marcas adecuadas. ¿Te urge un chocolate? Tiene que ser nutella, ¿necesitas maquillaje? debe se el más caro, ¿te quedaste sin sostén? Victoria Secrets lo hará por ti y así sucesivamente.

Si eso no se cumple, pierdes automáticamente la oportunidad de encontrar el éxito y la felicidad –creada por ellos- y serás víctima de la sociedad a través de la marginación y la soledad. Ahí es cuando el vandalismo publicitario tiene su espacio ganado y gente interesada en adoptar sus filosofías para implementarlas en sus estrategias marketeras.

La publicidad se ha convertido en una maravilla, por un lado, le ha abierto las puertas a las nuevas maneras de marketing  permitiendo que los consumidores tengan lo que buscan, y por otro lado, en la búsqueda de la mejoría eterna, pareciera que su razón de ser es suplir requerimientos del aquí y el ahora sin pensar en las consecuencias que pudiesen generar en los consumidores.

Los del brandalism enfatizan que “la lucha contra la publicidad no es una lucha contra el deseo. Debemos querer más de la vida, no menos, y debemos exigirlo. La cuestión es ¿más de qué?”

Brandalism ¿Vandalismo publicitario o atentado cultural? (Parte I)