El usuario actual ha dejado de conformarse sólo con el beneficio directo que le ofrecen los productos, las transacciones de compra ahora van más allá del simple intercambio de bienes o servicios por dinero, y las marcas cada vez más buscan generar experiencias memorables que produzcan emociones y sentimientos en quien las vive.

El  80% de las decisiones de compra se debe a impulsos irracionales que actúan de manera activa en el usuario, el mercado está expuesto constantemente a estímulos externos que se manifiestan en el diario comportamiento, afectando sus hábitos de consumo, y esto por supuesto, no es coincidencia.

La emoción mueve a las personas, no la razón. Sí, absolutamente adaptable a las relaciones de amor, y sí, absolutamente adaptable a las relaciones de compra: todos tenemos o hemos tenido dentro de nuestro corazón un lazo especial con una Lovemark, nos gusta que nos vinculen a ella, nos produce satisfacción recibir lo que nos da, nos gusta que esté siempre disponible, que siempre “devuelva nuestras llamadas”.

¿Pero cuánto dura ese amor realmente?, ¿cuáles son las posibilidades de serle fiel a una marca que se ha acostumbrado a la reciprocidad del sentimiento y deja de conquistar diariamente a su público?, porque nuevamente, al igual que en la vida, siempre habrá amenazas que comprometan la estabilidad de la relación, de los involucrados depende mantenerla a flote la eternidad de lo que dure. Y en este momento, existe una cantidad enorme de publicidad en cada esquina donde miramos, es una carrera constante por ganar un espacio en la mente del consumidor, y quienes logran salir de la friendzone e ir más allá, y entrar en los corazones alcanzan sin duda un sitio privilegiado.

Apple, por ejemplo, marca de culto por excelencia, ha ido generando clientes y devociones y se ha convertido en la lovemark de millones de personas que buscan más que la adquisición del producto, aman ser reconocidas como usuarios constantes de la marca y se emocionan y sacrifican por vivir la experiencia en cada lanzamiento.

La pregunta es si será así por siempre, si el ajetreo mediático no causará cambios de decisión, o si con suerte y empeño las marcas seguirán afianzadas en el lado dulce del bolsillo de quien las busca. Al final de cuentas nadie dijo que las relaciones serían fáciles, los humanos somos cambiantes,  y al igual que en la vida real, el corazón decide a quién deja entrar. La tarea siguiente es mantenerse ahí.

En un mundo donde el amor se ha condicionado, donde el “vivieron felices” se ha convertido no más que en un extracto de la ilusión y fantasía, ¿están las marcas realmente dispuestas a hacer lo que sea por lograrlo?, si usted ya encontró su lovemark podría decir que sí. Si aún no lo ha hecho, puede que ella lo esté buscando, puede que crucen miradas en el supermercado, la próxima vez que encienda el tv, o al girar la siguiente esquina, y puede que comiencen una historia memorable y satisfactoria… por lo que dure el “para siempre”.

AUTOR 

Gabriela Lizano Murillo

Creativa, diseñadora, publicista, costarricense. Creo en la simplicidad de la comunicación, y en las percepciones que hacen de la realidad una experiencia relativa. Amante de la vida perruna, las ilustraciones, la música, los libros viejos, y de lo que es capaz la mente visionaria de los humanos. 

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