Entre otros inconvenientes, a los que sufren dislexia les resulta difícil distinguir las letras. Este problema, ya de por sí complejo, lo es aún más para un diseñador gráfico. Y encima, no es algo fácil de explicar a quienes desconocen la enfermedad.

Eso le sucedió al diseñador Daniel Britton cuando le diagnosticaron dislexia y lo comentó con sus compañeros de la London School of Communications. Las reacciones de estos fueron de confusión, ignorancia y, directamente, burla. Britton se dio cuenta de que no había manera de que entendieran el esfuerzo que él tenía que hacer. Entonces decidió crear una fuente tipográfica llamada “Dislexia” para que los no disléxicos tuvieran una idea de lo que significa padecer el trastorno.

El diseñador asegura que la fuente no muestra exactamente lo que ve un disléxico cuando lee un texto, sino lo que le pasa a él en particular: “Los avisos de concientización sobre la dislexia suelen mostrar textos borrosos, pero a mí el texto me aparece normal; solo que la parte de mi cerebro que lo tiene que decodificar no está despierta”. Britton creó la tipografía Dislexia a partir de caracteres en Helvética, a los que les quitó un 40% de las líneas. Esto hace que el texto siga siendo reconocible, pero el cerebro debe tomarse un momento para leerlo. (La imagen compara la Helvética original con la nueva fuente Dislexia.)

Cuando les mostró su trabajo a sus compañeros, estos parecieron entender finalmente la lucha diaria que deben emprender los disléxicos. Britton sintió que había logrado su propósito; tanto, que hasta consiguió trabajo como diseñador en una comisión que genera conciencia sobre la enfermedad.

(Fuentes: Fast Company, Mental Floss)