Repasando la historia de un amigo, noté cómo “la vida cambia y te cambia”, como decía un comercial. En el caso de mi amigo, la agencia y la vida de creativo lo cambió, para mal o para bien. 

Se creció.

Desconozco las razones. Me atrevería a pensar que se trata del status, de no quedar rezagado de la manada, del sueño creativo.

Entonces decidí escribirme una carta, para recordar mi condición de mortal en este mundo que endiosa a las personas más por lobby que por genialidad.

Para ti:

Cuando seas grande, porque lo serás, me gustaría que tuvieras presente algunas cosas que tengo claras ahora y que tal vez, el tiempo, las trasnochadas, los disgustos con la ejecutiva, la negativa del cliente, “el ambiente creativo” y la fama te hagan olvidar:

Agradece cada lugar en el que estuviste, la mierda que comiste y la gente que te enseñó qué hacer y qué no hacer.

Todo por lo que has pasado ha sido una preparación para lo que estás viviendo o vas a vivir y hace parte de la persona que eres hoy.

Mantén tu cabeza en la alturas para atrapar las ideas pero los pies en la tierra para no creerte mejor que nadie a pesar del talento, el cargo, los premios o el reconocimiento.

Aunque muchos no lo entiendan, esto no es una competencia, es trabajo en equipo.  Que la individualidad y la inseguridad no te hagan perder el enfoque.

Cada uno siempre tiene algo que el otro no, y cuando se suman los talentos surgen ideas poderosas.

Pon mucho o un poco de amor a todo lo que hagas, pero pon algo de esa pasión. De lo contrario la campaña no va a quedar bien, y no vas a dormir bien.

Si tu trabajo se ha convertido tan solo en una forma de ganar dinero, renuncia y busca lo que te hace feliz. De nada sirve tener el trasero cómodo en la silla de la oficina, si el espíritu está incómodo en tu vida.

Sé paciente con los que están empezando, recuerda que también comenzaste como pasante.

No te intimides por las nuevas ideas. Enseña y aprende, ese intercambio te hará ganar más conocimiento y más amigos.

Haz publicidad para solucionar problemas de forma creativa, no para ganar premios. Claro, si vienen bienvenidos, pero que sean por mérito y no por trucho.

Recuerda lo que te dijo alguna vez tu jefe: “A la publicidad no hay que tomársela tan en serio”.  Hay vida más allá de las marcas.

Por otro lado, si no te diviertes haciendo lo que haces, hay algo que estás haciendo mal.

Y no olvides lo más importante, busca siempre la inspiración, no la esperes sentada.

Ya han pasado varios años en este medio y yo también he cambiado de la publicista que salió de la universidad, pero espero que por lo menos tengas tu corazón intacto y si no es así, recuerda que siempre encuentras una idea y una estrategia para solucionar las cosas. ¡Así que ponte a trabajar! No quiero extrañarte así como extraño a mi amigo.

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