Todos sabemos que el cerebro se divide en dos hemisferios: el derecho y el izquierdo, y probablemente muchos conoceréis las diferencias que se establecen entre el uno y el otro. Cada uno de los lados del cerebro se encarga de mostrarnos la realidad bajo su propia percepción, siendo uno más artístico y el otro más analítico.

Seguramente muchos de vosotros habréis oído hablar de las virtudes del hemisferio derecho de nuestro cerebro, y es que son muchas las razones que nos da para amarlo cada día con más intensidad.

El hemisferio derecho es el encargado de la creatividad y de desencadenar a los espíritus libres y de que nos riamos escandalosamente sin importar demasiado donde estemos. Es también quien controla la parte izquierda de nuestro cuerpo. Es animado, sensual, intenso y colorido. En él la imaginación se desborda, por ello se encarga de llenar de color cada espacio que encuentra en blanco. Domina el arte, la poesía, las sensaciones y los sentimientos. Dispone de un gran sentido musical, tridimensional y artístico, y sus herramientas son la intuición y la imaginación. Es alocado, atolondrado, extrovertido y algo desordenado.

Está especializado en las habilidades espaciales, visuales y sonoras. Es capaz de integrar diversos tipos de información, como imágenes, gamas cromáticas, olores, sonidos, texturas e incluso sabores, consiguiendo transmitirlos como un todo unitario y coherente. Es el responsable de la orientación espacial y de que seamos capaces de situarnos en diferentes lugares sin necesidad de ningún mapa. También nos proporciona la capacidad de reconocer formas, rostros, sentimientos y sensaciones.

¿Suena bien, verdad? Estoy segura de que muchos firmaríamos un pacto con el mismísimo diablo para vivir permanentemente en esta bonita utopía. Pero, ¿qué hay del hemisferio izquierdo del cerebro?

Él es científico y matemático, y más que ser de espíritu libre, es un amante de la vida familiar, de la rutina y del orden armónico. Es preciso, lineal, calmado y ordenado, un gran estratega que siempre posee el control de la situación. Un maestro del arte de la palabra y del uso del lenguaje, práctico y realista. Controla la parte derecha de nuestro cuerpo y posee una gran habilidad y capacidad para trabajar con los números, así como para la lectura, el razonamiento, la comprensión verbal y la lógica.

Nos capacita para expresar palabras, gestos y pensamientos de manera concisa y fue descrito por John Hughlings Jackson como “el centro de la facultad de expresión”. Gracias a él poseemos la habilidad de almacenar conceptos que posteriormente traducimos en palabras, para más tarde formar oraciones y discursos completos. También es el responsable de la memoria y del almacenamiento de información.

El hemisferio derecho procesa la información empleando un método sintético, es decir, agrupa los elementos que constituyen la situación formando un conjunto para comprenderla mejor. Sin embargo, el hemisferio izquierdo, analiza la información descomponiéndola en los diferentes elementos que componen la situación para analizarlos metódicamente uno a uno.

Vistos de esta manera, los dos hemisferios podrían percibirse como dos personas con personalidades tan distintas que nunca podrían encajar. Como el ying y el yang, el día y la noche, azúcar y sal, polos opuestos, blanco y negro, luz y oscuridad, playa y montaña, el bien y el mal, nacer y morir, dentro y fuera, norte y sur.

Líneas paralelas y no convergentes que aparentemente actúan por separado y sin necesidad de consultarle la una a la otra. Como si por ello tuviésemos que elegir entre uno u otro, o como si otro, cuando nos estábamos formando en el útero materno, lo hubiese decidido por nosotros antes, incluso, de que naciésemos, haciéndonos ser de derechas o de izquierdas en lo que a mentalidad se refiere.

Pero, quizás haya algo que no nos hemos planteado. Detengámonos un momento a formularnos algunas preguntas: si ambos lados están conectados entre sí, ¿no será por algo?, ¿puede un hemisferio sobrevivir sin el otro?

El área encargada de conectar ambos hemisferios recibe el nombre de Corpul callosum, y según los estudios, en su estado natural, sin haber sufrido ningún tipo de daño, es el encargado de que ambos hemisferios se comuniquen, fusionando dos tipos de percepción totalmente diferentes, haciendo que, a pesar de tener en nuestro cabeza dos polos opuesto, nos sintamos como un ser unitario y no como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Por ello, creo que es muy importante que aprendamos a utilizar inteligentemente nuestros cerebros. A pesar de que en la actualidad conozcamos la diferencia entre ambos hemisferios y los puntos fuertes de cada uno de ellos, creo que la moda por adular al lado derecho del cerebro, especialmente en las disciplinas relacionadas con la comunicación, la creatividad y el arte, es algo estúpida.

Evidentemente todo lo que el hemisferio derecho contiene es maravilloso, pero ¿no es cierto que, sin el izquierdo, no seríamos capaces de transmitir las ideas que el derecho es capaz de formar creativamente al resto del mundo? ¿ni que tampoco seríamos capaces de almacenar conceptos, palabras y conocimiento que posteriormente el hemisferio derecho transforma en una realidad distinta?

Sin el uno, el otro está perdido. Por ello en vez de centrarnos en las virtudes del uno o del otro, os animo a centraros en lo que ambos son capaces de crear juntos. Ser creativo es tener la habilidad de ordenar la información almacenada y de reinterpretarla, haciendo uso de los estímulos sensoriales que percibimos. Conocimiento (hemisferio izquierdo) y percepción (hemisferio izquierdo) han de unir fuerzas para crear algo realmente maravilloso.

Ser creativo es, también, tener la capacidad de transformar datos e informaciones comunes y cotidianos en algo innovador, de concentrar todos aquellos conocimientos que se han ido adquiriendo en diferentes momentos de la vida en una creación propia, de dar un paso más allá de lo que todo el mundo es capaz de ver.

Por tanto, podemos concluir que el proceso de creación está dividido, o mejor dicho compuesto, por diferentes partes: recogida de información y transformación de la misma en una obra propia, creativa e inédita. Es muy importante que entendamos esta división, pero más importante es aún ser capaces de liberar todo nuestro potencial creativo usando ambas herramientas con la misma ilusión, para sacar el máximo partido de cada una de ellas y ser capaces de crear algo que realmente sorprenda. ¡Pensemos inteligentemente!

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