Recuerdo una oferta laboral en especial, era de una agencia pequeña de la que apenas conocía. Decía que necesitaba un creativo que no le tuviera miedo a nada. Recuerdo que yo respondí, envíe mi hoja de vida con un mensaje: “Creativa copy que sí tiene miedo, porque el miedo también ayuda a sobrevivir”. Recuerdo que la agencia me contactó para una entrevista.

Siempre he dicho que una cosa es tener miedo, y otra, vivir con él. Y por eso, hoy escribo sobre mi enemigo, en un intento de que se convierta en mi amigo.

Hoy tengo miedo ¿quién no lo ha tenido? Todo publicista tiene uno: miedo a contar su idea, miedo a que no se le ocurran ideas, a no encajar en la agencia, a que no le compren la campaña, a perder el cliente, a no conseguir trabajo, a salir de la zona de confort, a montar su propia agencia, a que le echen, miedo al fracaso.

Lo peor es que como creativos, sabemos alimentar el miedo muy bien: con nuestra imaginación.

Un jefe me decía que no había de qué pre-ocuparse. Pero eso es lo que justamente hacemos, ocupar nuestra mente en crear mil y una historias alrededor de ese miedo. Realidades de ficción, suposiciones, prejuicios y en definitiva, malos entendidos.  Porque la mayoría de nuestros miedos son inventados, solo existen en nuestras cabezas, es decir, que conviven con nuestras ideas.

Ahí radica el peligro. No es por meterles miedo, pero esta emoción nos limita, no nos deja pensar diferente, innovar, defender una idea; nos achica y muchos dicen, que también nos bloquea. Por lo que se hace importante, urgente, encararlo. ¿Cómo se le hace frente a algo imaginario? Haciéndolo real.

Pasemos de la emoción a la razón

Después de aceptar que tenemos miedo e identificar a qué le tenemos miedo. Pensemos en qué pasaría si sucede lo que nos asusta. ¿Cómo actuaríamos? ¿Cómo solucionaríamos la situación? ¿A quién le pediríamos ayuda? ¿Cuáles serían las perdidas, ganancias y oportunidades?

Podemos generar un diálogo con nosotros mismos o escribir las respuestas a esas preguntas. De esta forma, podremos descubrir la razón que se esconde detrás de esta emoción y así, minimizar su efecto, medir hasta que punto resulta ser un verdadero peligro.

Sé lo que estarán pensando, que ese tiempo precioso deberían ocuparlo en crear la campaña que no se les ocurre, en lugar de hacer este ejercicio. Pero si se toman el tiempo y resuelven sus conflictos, tal vez, cuando se vuelvan a sentar frente al escritorio estarán no solo más inspirados, también más animados.

Por paradójico que suene, no hay como estar en paz con uno para poder seguir dando batalla. Y ustedes saben que la publicidad es como la vida, hay que guerrearla.

Imagen cortesía de iSotck