Casi siempre el cliente no sabe lo que quiere, más clara que esta frase no puedo ser. Ese no saber genera en nosotros, los publicitarios, un tsunami de ideas. Pero ¡Ojo! Un tsunami siempre es caos. ¿Cómo hacer para poder controlar el tsunami de propuestas sin destruirnos unos a otros? ¿Sin generar conflictos entre digitales, planners, cuentas y creativos?

Fácil y sencillo. Escribir. Ésa es mi herramienta. Todos sabemos que las personalidades de los creativos son complejas. La capacidad que tenemos para percibir todo lo que nos rodea es extra-sensorial, seres suceptibles, seres que se tropiezan con sus propias ideas y que cargan con su propio mundo. Si cada cabeza es un mundo, ¡Imaginen la cabeza de un creativo!

Los copys inyectamos dosis de creatividad para resolver el conflicto que presenta el cliente con su marca, y cuando le persuadimos, le hacemos creer que él sabía exactamente lo que quería, y que encontró lo buscado; cuando en realidad, él no tenía ni la más mínima idea de qué hacer.

Copy es la persona que habla por el cliente. Es el que le indica de una manera sutil hacia dónde dirigirse, indicarle qué camino va a devorar a su marca y en qué camino saldrá vivo, ¡Eso sí! Un copy no es el amo del universo. Es un facilitador y transmisor de soluciones basadas en hacer de lo común, algo extraordinario.

El caos del tsunami de ideas separa al equipo, cada quién lucha por ser escuchado a su muy peculiar manera de ser; se trabaja sin orden y las hojas llenas de letras vuelan de la oficina para ir a parar a la basura. Pero si cada quien escucha a su tsunami interior y se concentra en dar a conocer la propuesta de una manera entendible, según sus capacidades, las ideas sobrevivirán al tsunami.

Y cuando el tsunami se controla, se transforma en tormenta, después en depresión tropical, y por último, en un hermoso arcoiris. Como explica Elizabeth Gilbert “Si estás vivo, eres alguien creativo”.

 

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