El CONTENIDO DE CALIDAD ha sido el talón de Aquiles de muchos canales de televisión, quienes desde hace muchos años han apostado (malamente) a los “refritos” de todo tipo. Novelas refritas, concursos refritos, series refritas, y claro, reality shows refritos.

Mi profesión de comunicólogo, mi trabajo como docente universitario al frente de materias como opinión pública, análisis del discurso y comunicación internacional, entre otras, me obligan (así no quiera), a estar conectado con todo aquello que pueda ser, o sea tendencia, esas cosas que ahora le llaman trending-topics.

Y pues obviamente estuve atento al arranque de BIG BROTHER, y aunque TELEVISA cada vez que podía derrochaba orgullo anunciando la autodenominada “casa más famosa de México”, curiosamente no tuvieron para más que meter a los habitantes en lunes, y no en los populares DOMINGOS DE RAITING como en años anteriores. ¿Raro no?.

Adela Micha conduce el show. No es la Adela del 2002, y es que “no es lo mismo los 3 mosqueteros que 13 años después”, y el programa tampoco lo es.

Hace unos años estuve en un taller de medios donde presentaron una entrevista hecha a John de Mol, creador del concepto de tele-realidad llamado BIG BROTHER, allí el holandés en palabras más, palabras menos, decía que lo que dio inicio al programa fue el observar y mostrar y el comportamiento humano en condiciones extremas de aislamiento y convivencia.

Hoy la realidad está muy alejada de aquellas intenciones iniciales del show.

Hoy BIG BROTHER parece más una carpa de circo barato donde exhiben a fenómenos con características especiales, a quienes los televidentes observan más por sus “rarezas”, que por sentir alguna identificación con alguno de ellos.

Porque las mujeres mexicanas, en su inmensa mayoría, están muy por encima del exhibicionismo de “a peso”, en el que hermosas nalgas y ricas chichis (a cada quien lo que corresponde), son el plato principal en la mesa. En la selección de los hombres, pareciera que la receta indica meter en una licuadora a unos cuantos prospectos con mucho músculo y pocas neuronas, borrachos, patanes y mínimo mariguanos, pues no acababan de entrar a la casa y ya estaban pidiendo “churritos”.

Esos no representan el gentilicio de los mexicanos.

Un sabio alguna vez dijo que no hay que esperar mucho de la gente, porque es preferible ser sorprendido que ser decepcionado. Pues yo no espero mucho de BIG BROTHER, pero sí deseo que pueda mejorar, por el bien de ellos, pero sobre todo por el bien de los televidentes.

Para quienes le gusta la porquería, querían basura, HABEMUS BIG BROTHER.