El Holocausto, también conocido como Shoá en hebreo, es el nombre que se le da al genocidio Judío a manos del Régimen Nazi. La decisión de esto fue tomada en 1941 y alcanzó su clímax en 1942, cuando las víctimas eran transportadas en trenes de carga a campos de exterminio donde, si sobrevivían al viaje, eran obligados a trabajar en condiciones inhumanas mientras eran asesinados en cámaras de gas de manera sistemática, llegando a su fin en 1945 cuando Alemania anunció su rendición acabando con la guerra en Europa.

La Unión Europea en 2010 creó la base de datos “Infraestructura Europea para la Investigación del Holocausto” (EHRI) destinada a reunir y unificar toda la documentación y archivos que conciernen al genocidio. Esto incluye testimonios de personas que sobrevivieron a esa terrible época, testimonios pasados de una generación a otra, diarios y cartas recuperados donde se narran estas historias de dolor y sobrevivencia (estos incluso se llegaron a convertir en libros muy famosos como el Diario de Anna Frank) y principalmente entrevistas con sobrevivientes de estos campos, quienes cuentan de primera mano, la historia de cómo superaron este oscuro período de la humanidad.

La palabra escrita hace posible el conocer culturas que llevan miles de años extintas, hechos históricos que sucedieron hace siglos, conocer el trabajo de grandes eruditos, matemáticos, filósofos, gobernantes, así como también conocer grandes tragedias, dictadores y atrocidades sucedidas hace generaciones.

Pero, ¿qué significa esto? Significa que para nosotros, la historia sólo es un paisaje brumoso visto a través de la mente de un investigador. En casos de civilizaciones muy antiguas, el paisaje es aun más turbio, porque todo lo que llega a nosotros ha sido filtrado a mediante de decenas o centenas de mentes pertenecientes a historiadores, traductores, editores y más gente que recopila todo conocimiento dejado por éstas. Al transcribir una entrevista, pudo haber cambios en el contenido de ésta, traducir un documento requiere mucha interpretación para adaptarlo a otro idioma, en la elaboración de un libro interfiere un escritor, un editor y puede que también un traductor, lo cual hace que lo leído por uno sea producto de distintas mentes. Incluso de boca en boca pasa esto: cuenta a un hombre una historia y cuando éste la repita, seguro la modificará un poco.

Revistas y periódicos actuales se enfocan en sucesos recientes haciendo que un tema histórico como éste, sea mencionado solo esporádicamente. Uno puede ver en programas de TV alguna noticia en la que un presentador menciona algunos datos duros, fechas que pueden considerarse parte de la cultura general, pero sin ningún tipo de trasfondo que deje ver más allá de las pocas imágenes que nos muestren en pantalla.

La Era digital ha exacerbado la costumbre poco saludable de no hacer preguntas y dejar de cuestionar artículos que publican páginas como Buzzfeed, Chilango o Curiosicosas. Internet pone a tu disposición tal cantidad de información que la gente ya no se preocupa por preguntar si es toda la verdad o hay algo más que fue omitido.

70 años han pasado desde el Holocausto y esto lleva a pensar ¿por cuántos años más podremos escuchar estas historias directamente de la boca de los sobrevivientes?

El promedio de edad de los sobrevivientes del Holocausto es de 85 años. Incluso si alguien era muy pequeño, digamos 5 años, esta persona tendría hoy 75 años. Quienes eran adultos en ese momento y suponiendo hoy sean gente muy longeva, tendrían entre 90 y 100 años.

Por lo tanto, en pocos años no quedará nadie vivo que pueda hablar directamente sobre lo vivido en esa época; nadie que recuerde lo que sucedió, cuánto sufrió y qué hizo para sobrevivir. Incluso aunque existan entrevistas grabadas en vídeo para algún documental, esta entrevista pasó por el director de un canal o una cadena que decidió si el contenido era apto para ser transmitido.

El tiempo avanza de manera implacable borrando gente, pueblos, países, ideas y conocimiento a su paso, dejando tras de sí, un eco que puede ser escuchado por medio del papel, de un vídeo o la memoria de alguien que escuchó la historia, pero al final de todo, un eco no es una voz y  las voces no pueden volver a ser escuchadas una vez que son calladas por el tiempo.

AUTOR

Rowan Parker

Diseñador Gráfico e Ilustrador amateur con un recién descubierto gusto por la escritura, siempre investigando sobre diversos temas por el puro gusto de conocer cosas nuevas y devorador compulsivo de libros. Mi trabajo de ilustración ha sido mencionado ha sido reconocido por la revista “Morbido” y por los escritores Carlos Moran y John Connolly.

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