Decir que no, al fin y al cabo, es una cuestión de formas y de honestidad. Pero, cómo se justifica un@ para negarle algo a alguien y superar todas esas falsas creencias que nos han estado llenando la cabeza toda nuestra vida, no es tarea fácil. Ahora, si algo es seguro es que decir que no, no implica que seas mala malísima persona.

Decir “no” cuándo es necesario, significa que valoras tu tiempo y tu espacio, que te respetas y que tratas de vivir según tus propios deseos.
Pero ¿por qué se nos hace tan difícil decir que no? ¿Qué hay detrás de un “no” y qué posibilidades implica que nos parecen tan terroríficas? ¿Cómo lo vencemos?
Motivos por los que nos cuesta decir que no

1. No queremos parecer mal@s
Nos han enseñado que decir que no queremos hacer esto o lo otro es de ser una persona muy grosera, y casi por inercia nos acabamos comprometiendo con todo simplemente ante el pavor de que piensen que somos un@s egoístas.

2. Queremos ayudar siempre
Nos sale hacer siempre lo que podemos por los demás, así que los ojos suplicantes de gato con botas y las palabras melosas nos convencen pronto, después de todo… ¿cómo podríamos negarnos si somos buenas personas? Ahí está la cosa, de tan buen@s que somos acabamos esclavizad@s por nuestra incapacidad de negación.

3. Nos da miedo el conflicto
Claro, no queremos llevar la contraria a nadie, no queremos que se molesten o les siente mal nuestra negativa, no queremos que piensen que es algo personal, que nos miren mal o incluso nos digan abiertamente que les molesta que digamos que no. Como no queremos enfrentarnos con nadie, antes de recibir un mal gesto, ponemos nuestra buena cara y decimos que sí a todo.

4. No queremos perder oportunidades
Laboralmente nos parece que tenemos que tomarlo todo porque de cualquier cosa puede salir una buena oportunidad, porque quizás si decimos una vez que no esa persona no volverá a llamar, porque el tren sólo pasará una vez… así que nos cargamos de proyectos y tareas abrumadoras.

Decir “no” es bueno para la salud
Cuando dices que no a un nuevo compromiso, estás siendo respetuosa con las tareas y los compromisos que ya tienes y te estás asegurando de que vas a poder dedicarles el tiempo que necesitan. Estás siendo consciente del espacio libre y ocupado que tienes. Estás siendo realista.

Además, estás dejando hueco para las cosas que realmente quieres, te hacen crecer o te hacen sentir bien. Puede que no tengas la semana completamente ocupada, pero aún así quieras decir que no a algunas cosas. Así te aseguras algo de tiempo libre y tienes la opción de poder meter algo a última hora que sea urgente o que quieras más.

Cuando dices “no” te das cuenta del estrés al que te somete decir que sí demasiado a menudo. Sientes la libertad en tus manos y notas cómo tu poder de decisión y tu autonomía se hinchan como un pavo real.

Y si evitas sobrecargarte de tareas evitas el estrés, lo que te aleja de la ansiedad, el agobiazo y todo eso que nos pasa a menudo.

Además, cuando aprendes a decir que no, te das cuenta de que se te hace cada vez menos difícil establecer los límites de la gente que tienes alrededor. Que ya tod@s sabemos lo exigentes. A medida que les vas diciendo que no, con cariño, los vas poniendo en su sitio poco a poco. Y qué placer cuando aceptan que tu tiempo no es el suyo y que no vives para ellos…

Decidir si dices que no o dices que sí
Todo esto no quiere decir que te pases la vida diciendo que no, como en “Di que sí”, la película de Jim Carrey… también hay que darle su espacio y oportunidad al sí en tu vida.

Quizás otro día podríamos hablar de la importancia de decir que sí, y ni siquiera sería una contradicción con este artículo porque al fin y al cabo la clave es tener muy claro lo que deseamos y lo que no. Que no todo es tan cuadriculado como “sí” o “no” o “blanco” o “negro”.

Entonces, ¿Cómo decidir cuándo procede decir que no? Les propongo dos reglas básicas:

1. Me pregunto si el nuevo compromiso es algo que me gusta, si tiene algún tipo de importancia para mí, si el simple hecho de hacerlo me va a sentar bien… Si lo estoy haciendo por alguien que me importa porque sabes que haciéndolas le haces bien al otro y de rebote te haces bien a ti. Si me paro un momentito y en lugar de pensar pros y contras intento simplemente sentir si quiero o no quiero hacerlo, siempre encuentro una respuesta.

2. Intento medir el grado de estrés que va a darme o el tiempo que me va a quitar para hacer otras cosas que necesito hacer y calculo si es el momento adecuado o si quizás en un tiempo voy a estar más tranquila haciéndolo (si se puede retrasar, claro). Si la cosa me interesa o tengo que hacerla, busco otras maneras de colaborar que encajen más conmigo y con el tiempo que quiero dedicar, siempre que sea posible.

Y si quiero hacerla de todas todas pero no tengo tiempo, veo cual del resto de cosas que tengo que hacer puede bajar de prioridad.

Al final, si se quiere, se puede. La cuestión es cuando no se quiere, ¿verdad?

Porque no hay nada más difícil que buscar excusas que suenan a excusa o que intentar explicarte con honestidad y saber que al que lo recibe no deja de sonarle a excusa, sobre todo si no te conoce de nada.

¿Cómo explicarte cuando tienes que decir que no?

Usa la palabra “no”, y no tengas miedo de decirla claramente. Ojito con andarte con medias tintas en plan “no lo sé…”, “no creo que pueda…”, “quizás…”, “lo pensaré…” y dudas varias. El otro lo puede interpretar como que tiene que seguir insistiendo. Más te vale ser direct@ y no tener que pasar por el mismo trago dos veces.

No te justifiques exageradamente ni des muchas explicaciones. Yo a veces caigo en esto porque me sabe tan mal decir que no que siento que tengo que relatarle a la gente todo lo que me pasa. Y más bien no, cuanto más te explicas, peor suena y más excusa parece. Da una razón o dos, sencillas y breves, y listo.

Di la verdad siempre, no te inventes que el perro se ha comido tu tarea. Nadie necesita mentiras. Puede parecer que les duele menos si les das una mentira, pero no es así ni es algo que a ti te gustaría recibir y desde luego estoy segura que no es algo que te guste hacer. Mentir sienta muy mal siempre a ambos lados de la ecuación.

Frases útiles para decir que no

Aquí una lista de frases comunes para negarte libre y honestamente:

Tengo otras prioridades ahora y no puedo comprometerme.
Ahora no es buen momento, qué te parece si lo dejamos para más adelante.
No es algo que encaje conmigo, no me interesa.
No soy la persona adecuada para esto, pídeselo a tal o cual.
Me gustaría decir que sí a todo pero es claramente imposible.
Paso, gracias.

¿Eres de l@s que ha hecho las paces con el “no” en su vida o todavía lo encuentras muy difícil?

¿Has notado un antes y un después a raíz de empezar a utilizar el “no” con más frecuencia?

Imagen cortesía de iStock