Use el formato de siempre y deje que el formato o que la técnica de siempre haga el trabajo por sí mismo. Busque la originalidad, es decir, el concepto que todos tienen sobre la originalidad y trabaje con él hasta el hartazgo. Vea muchos spots, muchos, vea mucha publicidad, atásquese de ella. Piense como publicista y suponga que todas las mujeres bellas desean un cabello sedoso, lustroso, suave, volador, áureo.

Haga una lista de `insights´ reciclados y haga que parezcan nuevos con nuevas técnicas televisivas y cinematográficas. No olvide que a las mujeres les gusta girar, girar como derviches, mostrar la suavidad de su melena girando, girando en el antro, en el baño, en el centro comercial, en la sala de la casa, en la vía rápida, en la almena, en la cochera, en el `Jardín de las Delicias´ de Bosco.

Trabaje con la casa productora de siempre, es decir, con las perspectivas de siempre, con las pupilas y retinas de siempre. Use porcentajes incoherentes en su argumentación, diga que el cabello se hace cincuenta por ciento más bello usando la marca X. Haga acercamientos que no dicen nada. Que no le importe la carencia de hiatos y salte de escena a escena con loca incoherencia, o diga, si es dadaísta, que un cabello más sano hace que nuestras uñas sean más bellas.

Si tiene presupuesto contrate al portavoz del Necaxa para vender champú, pues los “niveles de afinidad” afirman que tal portavoz es del gusto de las señoras. O contrate futbolistas que bailen en cromados tubos con el cabello suelto para que vitoreen a su marca. Al final de todo esto encontrará que su spot es igual a todos los otros, un clon.

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