Un poema de Girondo dice: “no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar”. Retengamos dicho verso y veamos un anuncio de Nordstrom, protagonizado por Megan Collison, la bella modelo de Canadá. Después de verlo me vi en la necesidad de visitar la página de la marca de ropa Nordstrom, y lo hice yo, que sólo tengo diez camisas, dos pantalones y un par de zapatos.

Yo, que jamás he sido embelesado por la ropa, me vi embelesado por el anuncio, y sobre todo por Collison. ¡Eso es publicidad! ¿Hubo argumentos? No. ¿Hubo necesidad de efectos enormes? No. ¿Hubo necesidad de desnudos? No. ¿Ganará un premio a la creatividad tal anuncio? Tal vez no. ¿Fue eficiente? Sí. ¿Se ganó un nuevo seguidor o admirador de su moda la marca Nordstrom? Sí, yo. Collison, como decía Dalí, combina lo bello con lo raro, es decir, es hermosa.

Collison viaja en un taxi, toma un elevador, llega a una casa, deja su bolsa en cierto lugar, camina firmemente hacia su “novio”, que está disgustado, y le da un golpecito con la cadera, y le busca los ojos, y ve que sus ardides no resultan, y se va, pero lo hace pensando en el retorno (“muy lejos llevaban los pies a un corazón que pensaba en la vuelta”, diría Pascoli, poeta italiano, poeta de la moda).

Fade in: Una música `indi-cada´ arranca. Collison baila con una dulzura y sensualidad increíbles. Bailando demuestra una actitud, una personalidad. Ella hace que la ropa sea bella, y no al revés. Y yo, simple redactor publicitario, menudo amante de la vida ascética y de la poca ropa, quiero volar, como Collison y como quería Girondo, hasta Nordstrom.