En la historia de la humanidad hay un acontecimiento que dejó un gran impacto en los continentes y en las sociedades: la llegada de Colón América. Pero esto no pretende ser una clase de historia, es una reflexión para los creativos y el mundo de los negocios en general.
Cuenta una leyenda, que después de su largo viaje al nuevo continente, Cristóbal Colón fue invitado a una cena con la realeza. Entre los invitados era elogiado, pero pronto comenzó a ser víctima de cuestiones sobre la “obviedad” de su descubrimiento: si se iba por otra ruta era lógico que encontraría otra tierra.

Colón, cansado de las burlas y desvaloraciones a su descubrimiento, pidió que le llevaran un huevo. Preguntó a los presentes si podían ponerlo de forma vertical sobre la mesa, y de esta forma, varios intentaron la hazaña. Nadie lo logró, y Colón ya molesto, lo tomó y le dio un pequeño golpe en la parte más ancha sobre la mesa, rompiéndolo un poco.

Todos quedaron sorprendidos, y alguien dijo que eso se le hubiera ocurrido a cualquiera. El contestó que sí, era posible que a cualquiera se le hubiera ocurrido esa solución, pero nadie lo había hecho. Al igual que su viaje.

Lo que esto nos enseña es a creer en nosotros mismos y no esperar a que alguien más lo haga. En el mundo creativo, más vale decir algo, aunque parezca una tontería, pues de las tonterías y de las ideas más locas resulta la innovación.

A veces quisiéramos presumir que ese BTL o ese slogan fue idea nuestra, porque resulta muy “obvia” la respuesta. Pero para ello debemos aprender a ver las situaciones desde varios ángulos para encontrar detalles que parecen invisibles. Y de igual forma, debemos ser lo suficientemente humildes para no envidiar el trabajo de los demás. Más vale aprender, que desear lo que “hubiera” pasado o “hubiéramos” hecho.

Mejor concentrémonos en nuestro trabajo y pongamos en la mesa el huevo en la mesa con estilo propio.