La universidad es una de las instituciones más antiguas, y que ha perdurado hasta ahora. En los primeros años de la Edad Media comenzaron a surgir comunidades con el objetivo de cumplir cualquier fin a las que se llamó “universitas”.

Fue hasta el siglo XII cuando las personas con conocimientos más profundos que el resto, empezaron a preocuparse por guiar a los aprendices con calidad y buscando la disciplina escolar. Así es como nacieron las universidades.

Sin embargo, parece que con el tiempo se ha olvidado su propósito. En ocasiones, cuando hay buenos profesores, los alumnos flojos se quejan con los directivos. Cuando los profesores son igual de flojos e incluso, cuando es notorio que no dominan los temas de la materia, los alumnos no dicen nada.

Hace unos días, en una materia llamada “Estrategias de mercadotecnia”, el profesor cometió enormes errores en la pronunciación de ciertas palabras en inglés, jerga básica de la mercadotecnia. Yo no tengo inglés perfecto, pero al menos investigo la pronunciación correcta.

Lo que más me sorprendió, es que docentes como el que imparte dicha materia, no conozcan el nombre de técnicas básicas de la administración, llegando a decir que una herramienta importante para las estrategias comerciales es el “benchmarketing”.

Profesores como él piensan que la psicología no es importante en la carga curricular de los alumnos de mercadotecnia, hasta que realizan un benchmarking en otras instituciones. Docentes como él imparten diplomados en los que repiten lo mismo que en materias pasadas, lo mismos exámenes y sin ninguna variación temática. Profesores como él no se preocupan por el bienestar de los alumnos y los tratan como “uno más” que pasa por la universidad.

Pero ¿quién tiene la responsabilidad en todo esto? Los mismos alumnos. Nosotros tenemos que exigir que impartan enseñanza de calidad; que contraten mejores docentes con experiencia ejerciendo su carrera, no a recién egresados, consentidos de los directivos, sin idea de lo que es un brief; o que al menos capaciten a los profesores que tienen.

Quizá eso cuesta mucho trabajo porque para exigir, nosotros tenemos que responder de la misma forma. Esta es una denuncia a la mediocridad en la enseñanza, y me atrevo a hacerla porque los que pensamos así somos minoría y no nos escuchan arriba.

Lo positivo de esta situación es que los así se impulsa a los alumnos a informarse por sus propios medios, se impulsa la investigación.

Y tú ¿qué opinas de todo esto?